“Nuestras vidas cambiaron desde el momento del rapto”

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“Estamos muy contentos que haya salido todo bien. Nosotros pedimos 25 años de prisión, les dieron 20 a cada uno. Creo que eso está muy bien. Estamos satisfechos”, declaró ayer Jorge Goitia, abuelo de la niña secuestrada. Tras el fallo, y en un breve contacto con la prensa, el empresario expresó: “Nuestras vidas cambiaron desde el día del rapto. Ahora estamos más tranquilos”. Cerca de las 11.30 -hora que habían citado los jueces a las partes para dar lectura del fallo- era tan grande la expectativa que sólo el silencio reinaba en la sala del edificio de Pellegrini 971. El auditorio, como no suele ser frecuente, estaba repleto de espectadores. A la derecha del estrado, como siempre lo hizo a lo largo de las siete audiencias del juicio, se ubicó la familia Goitia. A la derecha y a unos pocos asientos de distancia se sentaron los allegados de los imputados Liz Martínez y Fabricio Solari (el padre de este último, también con asistencia perfecta en todos las jornadas del plenario). Hasta que poco antes del mediodía ingresaron al estrado los jueces Víctor Alonso, Lucrecia Rojas de Badaró y Fermín Ceroleni. Alonso fue el encargado de dar lectura a lo que resolvieron los magistrados en alrededor de dos horas de deliberaciones en sala secreta. Los imputados se pusieron de pie. El primero en escuchar su sentencia fue Solari, que al conocer los años que deberá permanecer en prisión, sólo atinó a agachar la cabeza. “Condenar a Liz Dorothy Martínez a la pena de 20 años de prisión…”. Cuando Alonso leyó esta parte de la resolución, se escuchó un solo grito que se mezcló con el sollozo de los padres de la niña: “¡Vamos!”. El juez interrumpió la lectura y solicitó -firme- silencio. Luego, mientras los imputados fueron retirados de la sala por distintas puertas, los familiares de la niña celebraron el fallo entre abrazos y llantos. s