Con una trama de aprietes, obligan a los estatales a fiscalizar los comicios

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Este “acoso laboral” generalmente viene de aquellos que tienen cargos jerárquicos y ejercen ni más ni menos que un abuso de poder al tener que sumar “adherentes” a como de lugar para también demostrar, en esta pirámide de punteros, que tiene la fuerza necesaria para someter voluntades.

La utilización política de empleados de la administración pública provincial en cada elección es una práctica folclórica. Abogados y profesionales de todo tipo fueron “invitados” a colaborar como fiscales en las elecciones generales a llevarse a cabo en poco más de veinte días.

Mediante mensajes de texto, correo electrónico y comunicación verbal trabajadores son presionados para participar en los comicios del domingo y la maniobra que raya lo extorsivo cobra fortaleza en el hecho que la mayoría de los profesionales “invitados” a colaborar son contratados, monotributistas o tienen una relación laboral precaria con el estado.

Inclusive una práctica que cobró relevancia días atrás, denominada “Voto seguro”, se trataba de una hoja con casilleros y columnas donde un responsable de la planilla debía consignar nombre y apellido, documento, dirección, teléfono y lugar en donde votaba la persona de alguna manera que votaría al FpV.

Estas listas sirven para dejar en claro, no solo cuantos adherentes pueden llegar a sumar los principales punteros políticos del PJ sino que distingue entre empleados de diversas instituciones, en este caso la municipalidad, a los que simpatizan con el régimen y los que no.

Lo curioso del caso es que se trata de profesionales universitarios quienes ante la posibilidad de alguna represalia por no concurrir a fiscalizar las elecciones, inclusive la pérdida de su trabajo, se encuentran cautivos de una práctica que cada vez se profundiza más (como el modelo) y que no deja cabo suelto por atar, “punteando” detalladamente quienes van a las marchas, quienes no, o quienes “colaborarán” en los comicios.

A esto se suma el silencio obsecuente de los gremios estatales que miran para otro lado cuando los empleados son literalmente “apretados” y cuyos comisarios políticos, de no mediar un asentimiento a trabajar para el partido, se encargan de confeccionar listas de los “obedientes” sin opción y de los “díscolos”. Estos últimos quedarán bajo el velo de una amenaza desconocida por no haber accedido.

Este “acoso laboral” generalmente viene de aquellos que tienen cargos jerárquicos y ejercen ni más ni menos que un abuso de poder al tener que sumar “adherentes” a como de lugar para también demostrar, en esta pirámide de punteros, que tiene la fuerza necesaria para someter voluntades.

Genera a su vez, en cada elección donde se repite, nuevos “sometidos”, jóvenes profesionales que a su vez son aconsejados por otros que ya llevan años en situación laboral precaria y que aconsejan, “si querés mantener el laburo” no te conviene negarte.

Una pirámide que se ensancha hacia abajo y que perfecciona sistemas represivos.
Hace unos días el candidato López Guaymas utilizó una escuela del barrio Venezuela para hacer campaña y vía teleconferencia se contactó con el gobernador Insfrán para hacerlo partícipe. El mandatario avaló con su saludo todo lo que el candidato (que no goza de la mejor imagen) pudiera plantear en la reunión política.

En otras instituciones, con menor tecnología, otros candidatos hicieron los mismos, solo algunos docentes se rehusaron a tal práctica, la mayoría asintió, las soportó por miedo o conveniencia.

El hecho configura una práctica deleznable que determina al pasar de los años un ejército de personas alienadas, ajenas a su propio trabajo en cierto sentido “Si me niego a participar seguramente perderé mi trabajo o seré perseguido”. Porque el empleado público para los candidatos oficialistas constituye una potencial víctima de extorsión, un potencial voto cautivo, trabajando adecuadamente en su precaria relación laboral con el estado, jugando con su única fuente laboral en un mercado sin ofertas

Toda una máquina de miedo funcionando de manera aceitada y que seguramente lo seguirá haciendo a la luz de los resultados. (EL COMERCIAL)