El arco posible de la República

166

Escribo esto convencido que lo ideal y más sano en una democracia moderna y consolidada es que coexistan, convivan y se alternen en el poder dos polos mayoritarios que aglutinen las grandes voluntades: uno de centro-izquierda y otro de centro-derecha.

 

Convencido también que, a grandes rasgos, podría el primer polo, de carácter mas progresista y humanista, ser representado por partidos como la Coalición Cívica – ARI de Elisa Carrió, el Partido Socialista de Hermes Binner y la Unión Cívica Radical que hoy conduce Ernesto Sanz. El segundo polo, más liberal o conservador, por partidos como el PRO de Mauricio Macri.

 

El problema resulta cuándo en una democracia en desfalco como la nuestra, aunque joven y tratando de aprender aún de sus errores, consolida por largo tiempo en el poder un único polo, que a bases de subsidios y control unitario de los recursos nacionales, afianza una hegemonía clientelar y autoritaria.

 

Una hegemonía que reduce la política a una técnica para suscitar obediencia y que para su mantenimiento, el patrimonialismo clientelar y su uso del Estado como botín de guerra, es una consecuencia ipso facto. Así el Partido Justicialista en el gobierno, en su condición de partido predominante, se transformó en un sistema político en sí mismo. Es el oficialismo y pretende ser su principal oposición al mismo tiempo. Con sus “izquierdas” y sus “derechas”, adaptándose al clima de época, logró colonizar el Estado. Solo así se entiende el hecho fundamental de como el PJ ha gobernado 23 de los últimos 25 años en sus diversas versiones transformistas. Un hecho histórico fenomenal, comparable por historia, métodos y circunstancias al PRI mexicano que denunciaría Octavio Paz en su “Ogro Filantrópico”.

 

Cuando esto sucede, es responsabilidad de las fuerzas democráticas que defienden el Estado de Derecho y las reglas básicas de la República hacer frente a éste sutil estado de excepción. Sin embargo, por fuera del ámbito del oficialismo, muchos apuestan a la contraposición entre dos alianzas partidarias, una más de centro-izquierda y otra más de centro-derecha.

 

Y sin duda nuestro sistema político necesita partidos o coaliciones organizados, que propongan las grandes opciones como nuestros vecinos en Chile y Uruguay. Pero también es cierto que no tuvimos muchos de ésos esquemas en el pasado, y por supuesto sería bueno llegar a tenerlos. Ahora bien, es discutible en cambio que ésa sea hoy la opción principal que nos debiera preocupar. Incluso es discutible de que alguna vez lo haya sido, en los años que llevamos de experiencias democráticas.

 

En momentos donde no hay instituciones, ni Estado, ni república, sino un gran desquicio y desorden político, económico e institucional, es obligación de las fuerzas democráticas crear una opción política donde la principal preocupación pase por garantizar cien años de República, transparencia y bienestar. Una opción que se comprometa a restablecer las instituciones, el Estado y las reglas de juego, que promueva la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción.

 

Entre quienes piensan así y coinciden en que ésta es la tarea prioritaria, tienen ideas diferentes sobre el camino final de la República. Algunos querrán un poco más de Estado, otros un poco mas de mercado. Será una discusión trascendental dentro del marco social y económico que permite la Constitución, pero tal vez no tenga mucho sentido hoy, cuando el Estado y el mercado están corrompidos por el clientelismo y lo seguirán estando si el país es gobernado por alguna variante transformista.

 

Por ello es que antes es menester construir una fuerza lo más amplia posible entre quienes tienen como prioridad reconstruir las bases republicanas del Estado. Y por ello es importante entender también, como explicaba Sartori, que a la democracia le es tan necesaria el liberal atento a los problemas de la servidumbre política y la iniciativa privada e individual, como el socialdemócrata que lucha por el bienestar, la igualdad y la cohesión social.

 

El acuerdo entre Carrió y Macri y la intención de sumar a los radicales, debe entenderse así como el mejor intento en los últimos años de reconstruir lo que el gran político alemán Konrad Adenauer denominaba “el arco posible de la República”. La CC-ARI, el PRO y la UCR tienen en sus manos hoy esa construcción. Dependerán también de que la opinión pública pueda ayudarlos para nunca más el país vuelva a caer en la tentación de la trampa populista.

 

Fabián Nieves

Abogado