El diagnóstico sin propuestas

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Vamos camino al lustro del nuevo esquema político en Corrientes, ese que nos iguala con la Nación, con radicales por un lado y peronistas por el otro. Un esquema que rom­pió con la particularidad de tener a los dos principales partidos políticos del país en la misma vereda durante casi una década. Esas que abonaban la teoría de “Co­rrientes, República aparte”.

Desde el regreso de Ricardo Colombi al sillón de Fe­rré, en diciembre de 2009, el peronismo pasó a la opo­sición luego de ocho años de oficialismo con vicego­bernadores que acompañaron gestiones (dos en total, Eduardo Galantini en la primera del actual mandatario, y Rubén Pruyas con el primo Arturo), ava­lando posturas y haciendo la vista gorda en otras de las que, por lo bajo, susurraban disconformidad.

Y fue que desde la mirada pe­ronista Ricardo Colombi pasó a ser, sin mediar respiro ni suspi­ros, la cabeza de un nuevo esque­ma político que acompañaba a la Nación y que había derrotado al conservadurismo, al exponente de las viejas prácticas, de esas que se habían derrotado en las urnas a principios de la década pasada.

Durante esos ocho años de peronismo en el poder no se dijo nada, por ejemplo, del denunciado fraude electoral en 2001, donde los cordobeses establecie­ron un mecanismo electoral sin posibilidad de control opositor. El resultado de ello fueron las denuncias pre­sentadas ante el Juzgado Federal, pero que no pudieron comprobarse ya que ese entramado judicial pergeñado por Ramón Mestre indicaba que una vez concluido el recuento definitivo de los votos las urnas tenían que ser incineradas. Sin pruebas no había posibilidad de demostrar el fraude denunciado.

El peronismo festejó, descorchó y hasta sonrió con la medida que, en definitiva, los favoreció ya que Eduardo Galantini había sido consagrado el segundo de Ricardo Colombi.

El tiempo hizo que la situación sea experimentada por ellos: Fabián Ríos en 2009 y Carlos Mauricio Espí­nola en 2013 señalaron que fueron víctimas de injusti­cias electorales. Eran las mismas que desde el partido consintieron casi diez años antes.

Fueron situaciones que llevaron al peronismo a mirar de otra manera a sus ex socios radicales en el Frente de Todos. Claro está que debieron pasar por lo que antes avalaban, y de repente descubrieron al rival político.

Desde ese momento y en sintonía con la falta de entendimiento entre la Provincia y la Nación, el pero­nismo comenzó con el diagnóstico de la realidad lo­cal. Esa que durante muchos años no vio, ni quiso ver, abrigados en el calor del poder.

Falta de inversiones en infraes­tructura, energía y otros meneste­res son cuestionamientos corrien­tes desde el PJ desde hace cinco años. Y como el descubrimiento fue luego de quedar sin el cobijo gubernamental, la miopía política se curó.

Pero claro, ese descubrimiento no estaba en sintonía con la rea­lidad. La ciudadanía hace tiempo que padecía de esas carencias y pretendía, en definitiva, otra ac­titud de quienes buscan erigirse como alternativa para gobernar.

El encuentro del PJ el sábado no fue diferente de otros. La diatriba contra Colombi fue la misma y nueva­mente se diagnosticaron los problemas de Corrientes.

Sin embargo, y en contraposición a lo que la socie­dad espera, no se habló de propuestas. No se escucha­ron intenciones concretas de superar las dificultades denunciadas, y solamente a graficar que el culpable de todas las penurias correntinas tiene nombre y apelli­do, el mismo que estuvo en letras de molde en las bo­letas electorales con el Nº 2 durante cuatro elecciones. Ser una alternativa seria de poder conlleva varios pun­tos y el primero de ellos es el de establecer caminos alternativos al propuesto desde el Gobierno para supe­rar crisis, como diagramar estrategias de crecimiento, sostenerlas y mejorarlas en el tiempo.

Nada de eso se escuchó el sábado en la sede de la Dirección Nacional de Vías Navegables. Sólo críticas, diagnóstico y enojos hacia la prensa. Pobre, como la realidad que denuncian.

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