El racismo en el deporte, una lacra que suma escándalos

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D. MATEO / VÍDEOS: YOUTUBE

  • Donald Sterling, dueño de los Clippers, provoca un terremoto por unos supuestos comentarios racistas a su novia en los que dice que no quiere público negro.
  • En España, y en el mismo fin de semana, Dani Alves vuelve a sufrir un nuevo caso de racismo, esta vez en Villarreal, donde le lanzaron un plátano.
  • Eto’o, Suárez, Hamilton… Los escándalos más sonados de racismo en el deporte.
  • También los gestos que promueven la lucha contra esta lacra mundial.

Luis Suárez y Evra en un Liverpool - United

Donald Sterling, empresario dueño de los Clippers, ha provocado un auténtico escándalo por unos supuestos comentarios racistas a su novia filtrados por la prensa del corazón que investiga la NBA.

En la conversación, un hombre identificado como Sterling recrimina a su pareja que se haga fotos con personas de raza negra y con el exjugador afroamericano Magic Johnson. «¿Por qué te haces fotos con minorías?», pregunta Sterling en la conversación, en la que pide a su novia, de ascendencia mexicana y negra, que no lleve a personas negras a los partidos de los Clippers.

Debido al revuelo, en el que han intervenido personales de la talla de Barack Obama, Magic Johnson o Lebron James, la NBA ha abierto una investigación para determinar la veracidad de esos comentarios. «Son preocupantes y ofensivos», indicó en un comunicado el portavoz de la NBA, Mike Bass.

Pero, este fin de semana, no ha hecho falta irse hasta América para ver un caso de racismo en el deporte. En la Liga española, sin ir más lejos, tuvo lugar un nuevo capítulo de este problema que no parece tener fin. A Dani Alves, jugador del Barça, le tiraron un plátano desde la grada del estado El Madrigal. El defensa brasileño se lo tomó con humor y se lo comió. No es la primera vez que el brasileño sufre esta lacra, de la que ya se quejó en 2011.

El fútbol, un deporte muy dañado por el racismo

En el deporte rey, muchos casos racistas han sido muy comentados, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Uno de los más sonados fue el de Samuel Eto’o en La Romareda en 2006. El camerunés, tras recibir insultos por su raza y color de piel, se plantó con el ya famoso «me voy, no juego más». Eso marcó un antes y un después. Este hecho llegó hasta la Unión Europea, que pidió a la UEFA y a las Federaciones que «consideren la posibilidad de imponer sanciones deportivas a las Ligas nacionales y los clubes cuyos seguidores o jugadores incurran en insultos racistas graves, incluida la posibilidad de expulsar de sus competiciones a los reincidentes».

En 2008, la Federación inglesa vetó el Bernabéu por «miedo a que se produjeran episodios de racismo«, en vistas de un España-Inglaterra. Los dirigentes ingleses argumentaron que Ashley Cole y Shaun Wright-Phillips fueron objetivo de insultos racistas la última vez que Inglaterra había jugado allí, en el 2004.

También fue muy criticada la actuación de Luis Aragonés en el conocido episodio con José Antonio Reyes, en el que se refería al color de la piel de Thierry Henry para motivar al jugador. El exseleccionador nacional fue tachado de racista y tuvo que pedir perdón públicamente por ese gesto. Días después, fue Domenech el que denunció que los aficionados españoles dedicaron cánticos racistas a los jugadores galos antes del España-Francia de la Eurocopa de 2006. El técnico francés aseguró que, a la llegada del autobús al estadio, «había aficionados realizando sonidos y gestos de mono«.

Pero no sólo hay racismo contra jugadores del equipo rival. Los propios aficionados han protagonizados graves casos hacía alguno de sus jugadores. En Zaragoza, Chilavert sufrió la discriminación de parte de la afición maña. Cada vez que saltaba al campo, recuerda el meta paraguayo, le llamaban  «sudaca». El colombiano Freddy Rincón, que llegó al Madrid en 1995, también lo sufrió en sus propias carnes. Tras los malos resultados del equipo se encontró con pintadas en el Bernabéu que decían «fuera, negro de mierda».

Fuera de nuestras fronteras, en 2011, el defensa francés del United Evra acusó al delantero uruguayo Luis Suárez de haberlo insultado con palabras racistas. El jugador del Liverpool fue sancionado con 8 partidos por esos comentarios racistas.

Ese mismo año, el defensa inglés John Terry fue acusado de insultos racistas contra el jugador del Queens Park Rangers Anton Ferdinand, durante un partido de la Premier.

Mario Balotelli siempre se ha visto envuelto en casos racistas. El delantero, incluso, llegó a amenazar con enfrentarse a los aficionados si recibía insultos en la Eurocopa de Polonia y Ucrania en 2012.

Y fuera del fútbol…

No sólo en el fútbol se han vivido casos de racismo. La Fórmula 1 vivió en Montmeló un episodio negro en lo que se refiere a esta lacra social. El piloto de McLaren Lewis Hamilton sufrió actitudes racistas por parte de algunos aficionados congregados en el circuito catalán. Unos hechos que dieron la vuelta al mundo y que obligaron al propio circuito tomar medidas extraordinarias para que no se volvieran a repetir. Además, la FIA preparó varias campañas contra el racismo en España. Sin embargo, tantos esfuerzos no sirvieron de mucho, ya que un año después el británico volvió a ser increpado y abucheado en Montmeló.

Si echamos la vista atrás, en los Juegos Olímpicos de Berlín 36, Adolf Hitler, en el acto inaugural, habló de la «superioridad» de ciertos atletas. Un calificativo con el que hacía alusión a los deportistas blancos sobre los negros.

Rayos de luz entre tanta tiniebla

Sin embargo, no hay que olvidar que, frente las malas noticias, siempre han existido gestos que ya forman parte de la historia en la lucha contra el racismo en el deporte.

Es un dato para la esperanza que nunca habría que olvidar. Ocurrió en los Juegos Olímpicos de México 68, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos aprovecharon sus puestos de podio para levantar sus puños con guantes negros haciendo publicidad del «Black Power» («Poder Negro») como una señal de repudio a los acontecimientos racistas que vivían en Estados Unidos. Fueron desclasificados, pero siempre serán los protagonistas del gesto más emblemático de la lucha contra el racismo en el deporte.

Cassius Clay, la mayor leyenda del boxeo mundial, sufrió en sus propias carnes la hostilidad por el color de su piel. Cuenta en sus memorias que un día quiso comer junto a su amigo Ronnie King en un restaurante de Louisville, su ciudad natal en Kentucky. Entraron en un restaurante ‘solo’ para blancos y la camarera se negó a servirles. Decepcionado, arrojó al río Ohio la medalla de oro que había ganado en los Juegos Olímpicos de Roma 60. Posteriormente, considerando que su país le había dado la espalda, decidió convertirse al Islam y adoptar su nombre por el de Muhammad Alí.

Otra acción es la que protagonizó durante toda su vida Nelson Mandela, que ‘utilizó’ el rugby como herramienta para acabar con el apartheid en Sudáfrica.



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