El terreno está sembrado para la cosecha narco

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Con las rutas abiertas para sus negocios y con sus movimientos en Misiones, Corrientes y Chaco, las organizaciones criminales están a un paso de fijar residencia en la región

BUENOS AIRES.  

Los primeros pasos de las organizaciones narcocriminales en Misiones tienen huellas firmes y frescas, dejaron de lado la consideración de un espacio que no necesita de disputa porque carece de importancia, y realizan sus primeros ensayos con firmes intenciones, las de aprovechar la posición geográfica y las debilidades para lograr el impulso para otro peldaño, el lavado de dinero.

Los movimientos de eslabones de los carteles mexicanos y colombianos no son ejemplos claros en esta provincia, pero se replican en versiones y, hasta aseguran entendidos consultados, el «viento sopla a su favor para un desembarco paulatino».

«Estamos en el primer grado de la escuela narco, pero próximos a pasar al segundo si no se aplican mayores controles y se dan más recursos a la Justicia», aseguró una fuente irreprochables en esta materia.

La discusión del rol de la Justicia en este informe juega un papel clave, en momentos en que se discute la desfederalización de la lucha contra el narcotráfico.

Para algunos especialistas, la guerra parece un camino sinuoso y en trepada. Para el sector político, el tema arde en sus manos. Cual fuera la decisión, la actualidad de la problemática es negativa y en el caso misionero ya no sólo el tránsito es feroz hacia los puertos y principales urbes de consumo del país, sino que se buscan aquí las posibilidades de limpiar las ganancias.

Operar sobre las debilidades del Estado parece el lema establecido para las ramificaciones de las narcobandas. Entre las fragilidades, el uso del espacio aéreo se constituyó en el método para el ingreso de la droga al país. Pese a los constantes anuncios de cubrir con radares los límites, las avionetas como bandadas de murciélagos se mueven en la noche, cruzando sobre Orán en Salta o Puerto Rico y Jardín América en Misiones.

“En Misiones operan al menos dos cárteles internacionales de drogas. Uno es el paraguayo Amambay, dedicado al tráfico de marihuana, y otro es el colombiano Barrera, que comercializa cocaína” expresó a El Territorio el titular de la Asociación Antidrogas de Argentina, Claudio Izaguirre.

Desde hace un par de años el término cártel comenzó a usarse también en Argentina para definir a las organizaciones delictivas que se instalan para producir y comercializar diferentes tipos de drogas.

Fuentes referidas a investigaciones sobre este punto coinciden en que en Paraguay las redes de producción de cocaína colombiana y boliviana tiene propiedades o emprendimientos para licuar dinero. Hoteles, casinos, colegios privados y templos religiosos están bajo serias sospechas, como también chacras y campos limítrofes con Argentina y Brasil. «Compran con el dinero en la mano a familias de pocos recursos a las que incluso las toman luego como empleados. No escrituran las propiedades; un boleto de compra-venta les resulta suficiente», sostiene otro consultado.

Según el titular de la Asociación Antidrogas de Argentina, “hace por los menos cinco años que esos dos cárteles  tienen una presencia constante en todo el Norte argentino, porque obviamente es el lugar por donde ingresa la droga que se consume en el país y  también la que se exporta a Europa y Estados Unidos”.

Consultado sobre la forma y los lugares de ingreso de la droga a Misiones, Izaguirre explicó que “en el caso del cártel colombiano, la cocaína entra a Misiones a través de vuelos ilegales que aterrizan en pistas clandestinas dejando la droga que luego es traída a Buenos Aires”.

Con respecto al ingreso de la marihuana, dijo que “entra por cualquiera de los 60 pasos clandestinos que existen en la frontera con Paraguay desde Posadas hasta Puerto Iguazú”, y señaló principalmente a Puerto Rico y Jardín América como los sitios de mayor llegada de droga.

“Lamentablemente los cárteles de la droga encontraron en Argentina un país generoso que los deja traficar en un clima ideal para su desarrollo, con fronteras descuidadas, fuerzas de seguridad mal pagas y sin preparación, una población empobrecida y mano de obra barata para este comercio ilegal”.
Según Izaguirre, “una vez que la droga ingresa al país por Misiones o por cualquier provincia del Norte argentino, se dirige a Buenos Aires vía terrestre y ahí es inevitable saber que tanto las fuerzas de seguridad, que deben controlar estos caminos, y la Justicia muchas veces son cómplices de este accionar, porque de lo contrario no podrían transitar libremente, por ejemplo, por la ruta nacional 14”.

A Buenos Aires
“Los márgenes que deja el negocio de la droga desde la frontera argentina hasta los grandes centros urbanos llega a multiplicarse por diez y por veinte, lo que garantiza que todos los eslabones de la cadena se quedan con una apetecible rodaja de la gran torta”, sostiene Izaguirre.

Consultado sobre el operativo de lucha contra el narcotráfico que inició hace un mes la Secretaria de Seguridad Interior a cargo de Sergio Berni en Rosario, Izaguirre dijo que “es puro show, porque ahí se busca combatir la consecuencia en vez de ir por las causas, que están en las fronteras, que es por donde entra la droga. Cuidando como corresponde las zonas limítrofes, tendríamos controlado gran parte del problema”.

Advirtió que esos cárteles «necesitan lavar la plata y suelen hacerlo a través de casas de préstamo de dinero, que han crecido rápidamente sobre todo en la capital correntina”.

Según Izaguirre, otra opción elegida por los grupos narcos son las iglesias evangélicas. En ese sentido señaló “el caso de la lugarteniente del Chapo Guzmán, María Alejandra López Madrid (actualmente detenida en Asunción), que supo moverse en Misiones, Corrientes y Chaco tentando a iglesias evangélicas con millonarias donaciones que en realidad se hacían para el lavado de activos provenientes del narcotráfico”.

¿Ficción o realidad?
Con respecto a uno de los cárteles colombianos, el liderado por Daniel Barreda, dijo que “sigue operando a pesar de que su jefe se encuentra detenido a disposición de la Justicia de Estados Unidos”.

Y en ese sentido recordó que dicha detención “se produjo en septiembre del 2012 en Venezuela  y  la noticia fue muy difundida no solamente porque habían logrado detener a un capo grande del narcotráfico, sino además porque había transformado totalmente su rostro con cirugías plásticas y se había  quemado con ácido los dedos para borrar huellas dactilares que lo pudieran identificar”.

Las noticias relacionadas al narcotráfico muchas veces pueden sonar más a fantasía que a realidad, pero según el presidente de la Asociación Antidrogas de Argentina,  “esto es cien por ciento real y está pasando  ahora no sólo en Misiones, sino en todo el país”. Y desafió: “Si no me creen, hagan  la prueba. Antes la droga se podía comprar en algunos lugares específicos. Ahora hay kioscos de paco, marihuana o cocaína en todos los barrios. La droga penetró todos los niveles sociales y es un cáncer que requiere una cirugía mayor, pero por ahora no  hay  ni siquiera un diagnostico real por parte de los gobernantes”.

Seguidamente dijo que frente al panorama de penetración de cárteles de droga, “muchas veces los gobiernos provinciales y municipales son superados por esta enfermedad, como ocurrió en Rosario, porque son las fuerzas federales las encargadas por ley de combatirlo”.

Llegaron para quedarse 
El especialista en drogas dijo que “lamentablemente los carteles de la droga ya arribaron a nuestro país, donde hay presencia comprobada de al menos seis de estos grupos mafiosos y el Gobierno nacional los recibió con los brazos abiertos, porque dejó ingresar la droga y sus jefes narcos sin ningún tipo de reparos o de controles”.

Como prueba de sus dichos recordó  una serie de asesinatos ocurridos en el país que las investigaciones judiciales ligan a supuestos ajustes de cuentas de bandas de narcotraficantes. Como para citar algunos ejemplos, Izaguirre recordó el triple crimen de general Rodríguez, en el que fueron asesinados Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón porque según probó la Justicia, estaban interesados en participar del tráfico de efedrina y  precursores químicos, que ponía en riesgo el negocio que por entonces llevaba adelante Martín Lanatta -actualmente preso por este crimen-  y su socio Pérez Corradi, considerado el autor intelectual del triple crimen , prófugo de la Justicia; o el atentado que sufrió el gobernador de la provincia de Santa Fe, Antonio Bonfatti, a quien unos encapuchados en moto le balearon el frente de su casa en Rosario, ciudad que desde hace un par de años es señalada como epicentro de bandas de narcotraficantes que utilizan su puerto para sacar la droga rumbo a Europa.

También recordó  el asesinato en marzo de este año de Carlos Alberto Gutiérrez Camacho, un colombiano custodio del poderoso jefe narco de Bogotá y Barranquilla, que fue acribillado a balazos en pleno mediodía mientras paseaba en bicicleta con su novia por los bosques porteños de Palermo.

Los seis principales
Seis son los principales grupos narcos que están operando en diversas áreas geográficas argentinas.
• Sus  jefes viven en lujosos countries cerrados de la zona del delta bonaerense o en el selecto barrio porteño de  Puerto Madero, mientras que los reclutadores operan en las principales villas de Capital Federal y el conurbano bonaerense.
• Los narcos de origen colombiano operan desde la Isla de Cerrito, en el extremo nordeste de Chaco, y también desde Misiones hasta el Sur de Santa Fe. Utilizan el puerto de Rosario para llegar a Europa.
• Los mexicanos del cártel de Sinaloa están ubicados en Buenos Aires hace seis años, en los municipios de Pilar y Escobar. Usan los puertos de Buenos Aires y de Zárate-Campana para sacar la droga.
• Los narcos peruanos son los que introdujeron el paco en Argentina, con representantes en las principales villas del país.
• El cártel de Amambay trae la marihuana desde Paraguay. Es la droga que más entra por Misiones y es en su totalidad para el consumo dentro del país. Se comercializa desde la villa porteña 1-11-14  del bajo Flores y en la villa 31 de Retiro.
• Los dominicanos operan en Buenos Aires sobre todo en los barrios de Constitución y Monserrat, donde delinquen con la venta de cocaína y trata de personas para prostitución.
• Los bolivianos controlan el negocio de la cocaína en la zona de Liniers.

FUENTE: Territoriodigital-Posadas.