En crisis y desbordados por la impericia

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El Comité de Emergencia que dispuso el Gobierno fe­deral en las últimas horas y que estableció una base operacional en la ciudad de Goya vino a cubrir un vacío que había en la esfera pro­vincial para hacer frente al drama de las inundaciones en la geografía correntina. Alcanza con decir que tu­vieron que pasar casi tres semanas de diversos apre­mios para que las autorida­des locales (los pocos fun­cionarios que se encuentran en sus puestos de trabajo, el resto veranea) decidieran salir a ver qué pasa. Hay fa­milias (en Santa Lucía, por ejemplo) que están fuera de sus hogares, corridas por el agua, desde antes de fin de año. De hecho, muchos recibieron el 2015 con los pies en el agua o en los cen­tros para evacuados, y desde entonces la situación siguió empeorando y hoy suman más de mil familias afecta­das en el sur de la provincia.
A mediados de la semana que acaba de terminar se despabilaron los miembros del Gabinete provincial y lo activaron como tal, organi­zaron un avistaje aéreo de la zona inundada y luego mantuvieron una reunión en la sede gubernativa, que desde hace quince días no tiene a su figura principal, dicen que descansa a orillas del mar. Como sea, hasta ese momento sólo había apres­tos individuales, sectoria­les, para intentar mitigar el desastre. El ministro de la Producción y la gente de Defensa Civil chapoteaban en soledad frente a un pro­blema de gran envergadura que reclama una acción con­junta de todas las áreas del Gobierno más las fuerzas de seguridad y si es necesario el Ejército y la sociedad civil. Lo que comúnmente se co­noce -en los Estados organi­zados- como comité de cri­sis o de emergencia. Como el que funcionó en 1998 durante la última gran inun­dación. Como el que acaba de establecer el Gobierno nacional a instancias de una preocupación que llegó a la Jefatura de Gabinete por una vía no oficial sino oficiosa, pero altamente efectiva.
La figura del ex goberna­dor provincial Raúl Rolando “Tato” Romero Feris fue de­terminante para encauzar la tarea. Párrafos más adelan­te, los detalles de esa gestión que todos los actores cuida­ron de no mencionar.
Por lo pronto, mirando el escenario actual alguien po­dría decir -con cierta cuota de razón- que si no fuese por la decisión del Gobier­no central de mandar ayuda (equipos y hombres), en Co­rrientes aún estarían con un tarrito de durazno tratando de achicar la inundación. Esa es la primera lectura que salta a la vista y aunque mo­leste, los hechos así lo evi­dencian.
La falta de elementos, pero sobre todo la ausencia de una planificación que ar­ticule los recursos propios y los de otros organismos (como las fuerzas de seguri­dad) en función de un obje­tivo, demuestra que el agua tomó a los funcionarios lo­cales en ojotas con las ber­mudas y esperando el sol. No hubo visión para medir lo que se venía y luego tam­poco hubo reacción.
El helicóptero de la Pro­vincia está fuera de servicio temporalmente, el avión Citation (el más moderno, no es apto para estos me­nesteres) y sólo está dis­ponible un turbohélice Caravan que permite avis­tajes áereos. Frente a esta precariedad correspondía convocar a la Prefectura Naval, a la Gendarmería Nacional, al Ejército y de ser necesario a la Policía Federal. Un comité de cri­sis. Nada de todo eso ocu­rrió.
Hace más de una semana que el intendente de Goya (la localidad más afectada) venía pidiendo sin éxito un helicóptero para poder lle­gar a los parajes aislados por la inundación. El viernes pa­sado el Ejercito bajó un par de gomones para operar en la zona y allí estuvieron al­gunos funcionarios para la foto. Además, desde la Na­ción anunciaron que man­darán otros equipos para ayudar en la emergencia.
Según contó el vicegober­nador (a cargo de la Gober­nación), Gustavo Adolfo Je­sús Canteros, el jueves lo lla­mó la ministra de Seguridad de la Nación, María Cecilia Rodríguez, para informarse del cuadro de situación y a su vez para comunicarle que el Gobierno nacional se aprestaba a instalar un Centro de Operaciones de Emergencia en la provincia y ayudar en la emergencia. Canteros dice que pidió ins­trucciones a Ricardo Colom­bi (de veraneo, vaya a saber dónde) y éste le dio el visto bueno. Así fue como se for­malizó el vínculo para un trabajo conjunto. Corres­ponde recordar que desde Navidad hay gente peleán­dole al agua y ahora ya está sonando el chamamé.
No se trata de pincharles el gomón a los compungidos funcionarios provinciales ni nacionales (de sopetón también apareció en Goya Carlos “Camau” Espínola para bajar el bote), pero la crónica oficial tiene algunos renglones mochados. Le fal­tan datos.
Jorge Milton Capitanich se enteró de la gravedad del cuadro en Corrientes por intermedio de Tato Rome­ro Feris, el jueves cerca del mediodía. Ante de llamar al jefe de Gabinete de la Nación, el ex gobernador y dos veces intendente de la Capital se comunicó con el vicegobernador Gustavo Canteros, con la viceinten­denta de Corrientes, Ana María Pereyra (a cargo del Ejecutivo porque Ríos está de vacaciones) y a ambos les ofreció su servicio y el de sus equipos técnicos. Luego llamó al intendente Bassi (de Goya), a otros in­tendentes y también al mi­nistro Vara.
Al terminar la ronda, Tato Romero Feris advirtió que coordinar voluntades dentro de la provincia po­dría llevar tiempo, enton­ces se comunicó con el jefe de Gabinete y le expresó su preocupación por la falta de elementos y de política oficial. Capitanich se com­prometió a gestionar ayuda y en poco tiempo le devol­vió la llamada informándole que el Ministerio de Seguri­dad se ocuparía de mandar el Ejército, dos helicópte­ros, embarcaciones y que al mismo tiempo se activaban otros ministerios.
Por intermedio de Romero Feris esa buena noticia llegó al Gobierno provincial, que en su crónica a los medios declara un llamado desde el Ministerio de Seguridad de la Nación en horas de la tarde del jueves.
En su relato, el vice pasó por alto algunos detalles (sensibles), pero no reparó que estaba confesando la inoperancia doméstica: si no llamaba la Nación seguían con el tarrito de durazno achicando la inundación.