GRAVE DENUNCIA. Gendarme «testigo clave y privilegiado de lo ocurrido en el 2010» advirtió que las muertes en La Primavera no sirvieron de nada.

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No se trata de un «verde» más. Fue un observador privilegiado del antes, durante y después de lo ocurrido en 2010 cuando la Policía provincial atacó a aborígenes que mantenían cortada una ruta nacional.

«Pensé que estas muertes representarían un ejemplo y que con ellas jamás regresaríamos a un escenario similar y hoy a más de cuatro años estamos volviendo a lo mismo», advirtió. Aseguró que el enfrentamiento de hace 4 años fue «armado» y que el final representó el «objetivo buscado».

Miguel Angel Riquelme se retiró de Gendarmería Nacional poco después del suceso del 23 de noviembre de 2010, cuando la Policía provincial puso fin al corte de la ruta nacional 86 que encaraban aborígenes de la comunidad La Primavera.

La crónica periodística recuerda que la fuerza nacional allanó el camino, para que unos 120 efectivos de la seguridad formoseña avanzaran sobre los naturales que ocupaban la traza y defendían los ranchos ubicados en las cercanías. Todo concluyó en pocos minutos tras una brutal pelea campal, completamente desigual, con el saldo de dos muertos, uno por bando y decenas de heridos, principalmente del lado de los naturales.

Hoy, retirado de la fuerza, el hombre vive en un pequeño campo junto con su mujer; sus hijos ya están encaminados en la vida y lo vivido en cercanías de La Primavera, pero principalmente, la narración de los hechos posteriores, no lo ayudan a conciliar el sueño.

«En ese entonces era integrante de Gendarmería Nacional. En ese momento me desempeñaba en la zona. Creo que todo puede evitarse; todo ser humano que se dice inteligente puede evitar lo que se proponga Y más aún con lo que allí ocurrió. Lo que ocurrió fue porque hubo un desgaste entre las partes; el corte de ruta molestaba a muchos. Sabemos que la medida constituía un delito, pero también las personas tienen derecho a protestar. Creo que las soluciones deberían haber venido de las autoridades de quienes dependemos. Paso lo que paso justamente porque no vino una solución», reflexiona, mientras no deja de tomar un helado tereré.

«Yo estuve muy cerca de los acontecimientos. No formaba parte del grupo encargado de custodiar lo referente al corte, sino que era el chofe del vehículo con el que se trasladaba el jefe del Escuadrón 16 de Gendarmería con sede en Clorinda. Por eso estuve muy cerca, vi muy de cerca, palpé muy de cerca», recuerda.

«Hubo falencias y mala actuación de parte de la Policía provincial, porque Gendarmería si bien es nacional sólo actuó como custodio. Acá quien ejecutó todo fue la Policía provincial», acusa.

Y redondea: «Aparentemente todo iba a ser un allanamiento del campo, algo que no entiendo, porque no sé cómo se puede allanar un alambrado y dos o tres plantas de palmas. Vino la caballería, la infantería de la Policía de Formosa. Tuve tiempo de contar uno por uno, mientras me encontraba cerca del vehículo y fueron 127 efectivos. Estaban con todos los elementos necesarios para un motín: la caballería estaba cubierta y los de a pie portaban sus escudos y bastones, todos los pertrechos que usan en situaciones como estas; es decir todo tipo de armas. Tenían las pistolas reglamentarias 9 milímetros; armas largas no, supongo que las trajeron pero esas habrían sido utilizadas solo en caso de ser necesarias», enumeró.

TODO PREPARADO

Para Riquelme, un formoseño del interior de 58 años de edad y casi 38 en la fuerza recorriendo gran parte del país y naciones limítrofes, todo estaba preparado. «Nosotros llegamos pasando el mediodía, era una jornada lluviosa, por lo hablado ahí entre jefes me enteré que había movilización de ambulancias, médicos, órdenes de que no tenía que entrar ninguna persona de civil por ninguna de las dos puntas. Esa fue una orden que yo retransmití por pedido de mi jefe: los únicos que podían entrar eran las ambulancias y los policías.

Yo visualicé cerca de mí a cinco ambulancias, con médicos en el interior. Eso fue antes que ocurriera lo que ocurrió o lo que tenía que ocurrir», planteó.

Sobre la previa no ofreció dudas: «Hubo una discusión de tono fuerte entre los jefes policiales y los aborígenes que se oponían a permitir el allanamiento de las chosas que construyeron al costado de la ruta. La presión de los policías sobre los aborígenes era muy fuerte. Los aborígenes tenían palos y machetes en las manos, algunos.

En un momento dado el grupo de unos 30 efectivos atropelló a los que estaban sobre la ruta, donde la mayoría eran mujeres y niños, porque los hombres estaban al costado de la ruta, discutiendo frente a las chozas. Los efectivos a caballo atropellaron a los que estaban sobre la ruta, palo va palo viene y enseguida sobrevino la reacción aborigen. Subieron a la ruta y fue una guerra campal», apreció.
Y continuó: «Se veía de todo: personas que gritaban, que caían, que lloraban, entre los aborígenes, los policías tenían mucha más capacidad porque estaban a caballo, caballos a los que les cortaban el rostro y perdían una parte del cuerpo por los machetazos de los naturales».

LAS MUERTES

«En eso escuché un tiro, diferente a un disparo tradicional, y rápidamente una persona escapó del grupo que peleaba, yo lo vi inmediatamente y también como una lluvia de balazos impactaban en su cuerpo; su camisa saltaba con hilos de sangre, habrán sido entre 10 y 15 disparos que sonaban diferentes al primero. Provenían de armas cortas.

Yo vi a esa persona, a la que incluso conocía de antes, pedía socorro arrastrándose sobre la banquina. Le dispararon mientras corría, no en el suelo; por la forma en que su cuerpo se retorcía comprendí que eran balas. Esa es la realidad y la verdad. La guerra campal, plena, habrá dudado 10 minutos», consideró.

«La presencia de los demás policías y de las ambulancias recogiendo heridos hizo mermar el fragor del combate hasta que todo terminó. Quedó mucha sangre diseminada sobre la ruta, gente llorando y corriendo, mucho con signos de graves y grandes heridas sobre el cuerpo», describió al recordar los momentos finales del combate.

Para el suboficial retirado, «el grupo de aborígenes fue el más afectado: cuerpos con marcas de bastonazos, caras y cabezas rotas manando mucha sangre. Esto incluía a niños y mujeres, a todos. La mayoría eran mujeres, porque fueron las primeras en ser atacadas».

SOCIEDAD DIVIDIDA

Riquelme teme por el actual escenario sobre la misma ruta. «Esas muertes jamás debieron ocurrir. Ahora hablo de esto porque nuevamente estamos en una situación tan delicada como en 2010. No sé si puede repetirse pero debemos pensar en aquella experiencia muy mala para todos, los de la comunidad, los del Gobierno.

En la comunidad hay un roce permanente por la presión que viene de arriba. Las autoridades parecen decir arréglense entre ustedes, no hay apoyo, no existe el diálogo para conseguir una solución, todos se tiran la pelota y cada parte sale a gritar que tiene razón y no se consigue nada.

Entre nosotros nos estamos «bodoqueando», sacando la lengua, nos estamos haciendo daño. No existe la presencia de las autoridades para resolver todo esto», reprochó.
Y argumentó: «Así como el Gobierno dividió a los blancos, lo mismo hizo con la comunidad de La Primavera. Por favor que alguien actúe, estamos en un país democrático, esto no va más, nos estamos peleando y matando entre nosotros, se propicia la guerra del pobre contra el pobre».

«Elegimos a las autoridades para que nos acompañen, que nos defiendan, que nos asesoren. No sé quién tiene la razón, pero que se actúe y termine todo esto de una buena vez. No quiero que vuelva a ocurrir lo de 2010», imploró.

«Lo que ocurrió era lo que tenía que ocurrir; esa es mi conclusión. Pensé que estas muertes representaban un ejemplo y que con el jamás regresaríamos a un escenario similar y hoy a más de cuatro años estamos regresando a lo mismo», insistió.

Y cerró con un mensaje brutal: «Somos parte de una sociedad sin rumbo y eso es lo peor que nos puede pasar, que no tengamos autoridad, es lo que reclamo, una autoridad presente que mediante el dialogo solucione las diferencias».

Miguel Angel Riquelme. (Fuente Opinion Ciudadana)