Hombres y mujeres que hicieron grande la Fiesta Nacional del Chamamé

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La fiesta Nacional del Chamamé conmemorará en 2015 su aniversario de Plata. Lo hará con varias noches sobre el escenario Osvaldo Sosa Cordero que se convirtió en estos 25 años, en el espacio predilecto de los hombres y mujeres que eligen transmitir sus emociones; a través de la música popular correntina.

Pero, más allá del momento de algarabía que será para los correntinos y visitantes acercarse hasta el Anfiteatro Cocomarola,  para disfrutar –cada noche de enero- de los mejores exponentes del chamamé, esta fiesta no siempre tuvo el color y la magnitud que ostenta en la actualidad.

Uno de los momentos más difíciles que debió soportar fue durante la Intervención Federal de Ramón Mestre en Corrientes -1999 – 2000- quien fue secundado luego por Oscar Aguad hasta 2001 dado que Mestre asumió como Ministro del Interior en el gobierno de Fernando de la Rúa. La falta de interés del cordobés por esta demostración cultural de los correntinos atentó incluso, contra el reconocimiento de la Fiesta Nacional.

No corrió la misma suerte el carnaval. Para su organización el gobierno de Mestre realizó el primer acuerdo con la empresa Fénix y con ella, cambió el escenario de Momo. Hasta ese momento los carnavales se estaban realizando en el corsódromo del Ex – Hipódromo pero con la organizadora nacional se trasladó a la Avenida 3 de Abril.

La preocupación de quienes sienten el chamamé como propio era la posibilidad de perder el título de Fiesta Nacional dado que el organismo que lo otorga, establece que la revalidación del mismo es a través de la organización del encuentro cultural.

“Teníamos entendido que habían pasado dos años sin la fiesta y por ende, en 2000 tomamos la posta -conjuntamente con mi esposa- de su organización. Esto porque la normativa establecía en ese momento que al tercer año de no realizarse una fiesta nacional, cualquier festival podía reclamar el título. Y la verdad es que nos parecía lamentable que Corrientes perdiera este título”, dijo a La Correntina, Carlos Stegelman quien; junto a Alejandra Vicentín –su gran compañera  y defensora de sus proyectos culturales-; lograron prender las luces del Cocomarola y que los artistas ofrezcan su música al pueblo correntino. Fueron dos días –viernes y sábado- en los que el chamamé recuperó su fuerza.

Hoy, después de varios años de aquella experiencia, Stegelman reconoce que se habían equivocado con las fechas porque la edición del 2000 no hubiera sido el tercer año consecutivo sin chamamé sino el segundo dado que en 1998, la gestión del gobernador Raúl Rolando Romero Feris había organizado el encuentro chamamecero más importante de la región. “Eso nos enteramos ahora, con la realización del libro del chamamé que desde el Instituto de Cultura de la Provincia están editando para celebrar los 25 años de la Fiesta Nacional”, explicó.

De todas maneras, tanto él como Alejandra, consideraron que los correntinos tenían que tener este momento de encuentro con su música. El primer impulso fue convocar a los chamameceros para emprender juntos la organización pero; la respuesta no fue la que esperaban. “El músico muchas veces quiero actuar e irse a su casa. Esa es la realidad”, dijo.

Con la primera negativa en mano, ambos acudieron a varios empresarios para que  los apoyaran en la organización. Es más, el mismo subsecretario de Cultura de Mestre, José Carrara se comprometió a ayudarlos. El primero en escucharlos y ofrecerles su apoyo fue Pablo Chamas de Aguas de Corrientes. Luego se sumaron varias empresas correntinas y así, durante dos días, Carlos Stegelman y Alejandra Vicentín, recuperaron la Fiesta Nacional del Chamamé.

Cuando miran hacia atrás, reconocen la osadía que significó esta iniciativa. No tenían más de 30 años pero su compromiso con la cultura y el chamamé era tal que, fue más fuerte. Incluso, Alejandra en ese momento estaba trabajando como Gerente de Marketing de una importante casa de juego en Corrientes pero; en sus horarios libres, se sumaba a la organización y ultimar los detalles para que el chamamé no permaneciera otro año en silencio. Si bien es cierto que en diferentes escenarios la música popular correntina seguía sonando como siempre, el hecho de que enero no contara con la fiesta nacional provocaba tristeza en quienes defienden la expresión cultural más genuina del pueblo correntino. Y así fue, juntos y con el apoyo de varios que creyeron en ellos, el chamamé regresó a su escenario natural.

Al año siguiente, con el cambio de gobierno en Corrientes –los radicales se hacían cargo del Ejecutivo Provincial-; Norberto Lichinsky asumía como Subsecretario de Cultura de la Provincia y con él, la fiesta comenzó a tomar un tinte diferente. Fue, sin lugar a dudas, el funcionario que dotó de tecnología y visualización a una fiesta que estuvo desde hacía muchos años pero sin mayores reconocimientos. Desde ese momento, la Fiesta Nacional del Chamamé comenzó a tomar vuelo propio convirtiéndose hoy, en uno de los eventos más importantes de Corrientes y también del país. Un encuentro cultural que cada enero, inunda de acordes chamameceros al Cocomarola. Acordes que se expanden por el país y el mundo.    

PEDRO CELESTINO RANALETTI

El cantautor que inició el camino para la primera Fiesta nacional del Chamamé 

 

Pasaron 29 años de aquella Primera Fiesta Nacional del Chamamé. Aquella que necesito de la firma de los ciudadanos de Corrientes, de las autoridades provinciales, municipales, nacionales para reconocer que nuestra provincia es sin duda, la cuna del chamamé. Y esa misión la realizó Pedro Celestino Ranalletti, el compositor de canciones chamameceras que a sus 78 años lo recuerda en primera persona.

“Fueron ocho meses recorriendo la provincia, fui a Santa Rosa, Goya, Mburucuyá, Saladas, Empedrado y en todos lados la ciudadanía acompañó  con su firma e innumerables adhesiones de legisladores que le permitió al gobernador en ese entonces José Antonio Romero Feris, el aval para organiza el festival del chamamé”, inicia el relato el hombre que es autor de más de 170 temas musicales, entre chamamé, milonga,  tango, vals, melódicos.

En total se consiguieron 6.860 firmas que más a las adhesiones de las autoridades no solo de la provincia, sino de otras ciudades elevaron el pedido a la Nación para que definitivamente Corrientes sea la Capital Nacional del Chamamé.  Pero no fue tarea sencilla relata Ranalletti porque en 1984, Entre Ríos a través de un decreto firmado por la Secretaria de Comercio Exterior a cargo de Campero tenía la potestad de la Fiesta Nacional del Chamamé de la costa entrerriana. “Entonces fue una lucha que incluso un funcionario del gobierno de Entre Ríos  de apellido Basualdo vino hasta mi domicilio, yo vivía en este momento en el barrio ex Aero Club a decirme que nosotros teníamos el título de propiedad pero que no nos habíamos calentado por hacer nada, señalándome que dejara de andar por los medios recorriendo para que en definitiva el chamamé se reconozca a Corrientes”, cuenta la lucha que se generó con los entrerrianos quienes promocionaban el chamamé como suyo.

Pero sin lugar a dudas primó la racionalidad de las autoridades nacionales, quienes al notar lo masivo del pedido correntino a través de las miles de firmas de los ciudadanos y la presión del gobierno provincial de Pocho Romero Feris, dejaron sin efecto el decreto antes firmado por Campero y al final se organizó en 1985, el 6, 7 y 8 de septiembre en el Club Juventus la Primera Fiesta Nacional del Chamamé.

El escenario reunió a numerosos grupos chamameceros entre los que se destaca la participación de Teresa Parodi, Ramona Galarza, Trío Corrientes, Los De Imaguaré, Mateo Villalba y su trío, Roberto Galarza, Raúl Barboza y tantos músicos reconocidos que engalanaron las primeras tres lunas chamameceras. “Fue apoteótica el festival, el músico subió al escenario y brindó su arte. Lamentablemente al tal vez por egoísmo muchos no recuerda este episodio y la verdad me duele mucho”, con la nostalgia del pasado que se mezcla con una tristeza en el alma por la falta de reconocimiento en especial de las autoridades de Cultura.

Todo está en la memoria de este cantautor nacido en Goya hace 78 años y que junto a su mujer viven actualmente en cercanías al Golf Club Corrientes, camino a Santa Ana. “No espero un premio por lo que hice simplemente que tengan memoria de cómo se gestó el primer festival. Porque no es lo mismo una fiesta que un festival porque es más abarcativo este término es una expresión máxima que reúne a músicos, poetas, recitar, entre otros artistas”. Y agrega: “Lamentablemente como ocurre en la historia, nuestros héroes fueron a morir fuera de la Patria sin tener el verdadero reconocimiento y en cambio se premia a los que no hacen nada”.

En el eslabón del aquel septiembre de 1985, Ranalletti soslaya el entusiasmo del correntino por lograr tener su fiesta. Con una innumerable cantidad de artistas que al menos los primeros tres años consecutivamente subieron al escenario mayor del club Juventus, luego también se trasladó al club de Regatas Corrientes hasta que al fin se inauguró el Anfiteatro Cocomarola.  “En realidad el pedido que hicimos era para que se construyera un complejo en la playa Arazaty, por el aire fresco del río Paraná y que de espaldas estuviera montado el escenario pero en ese tiempo no se pudo llevar a cabo porque los terrenos dijeron pertenecían al gobierno nacional”, sigue relatando el poeta correntino.

Finalmente consultado acerca de si ve con buenos ojos las últimas ediciones de la fiesta del chamamé con la inclusión de artistas que no son del género opinó el poeta: “es un festival de chamamé no de milonga, tanto u otro género. Entonces hay que entender que es pura y exclusivamente para el chamamé que es el único ritmo que mundialmente puede organizar un festival por sí solo porque aglomera muchos estilos como el de Tarrago Ro, Montiel, Cocomarola y nos podemos dar el gusto. Así que creo que o son miopes los que organizan y lo hacen porque a esta altura es una obligación continuar la tradición de la fiesta”.