“La historia demuestra que siempre que la Iglesia se inmiscuyó en cuestiones políticas no le fue bien a nadie”

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giallucaEl Defensor del Pueblo, José Leonardo Gialluca al ser consultado respecto de su postura con relación a la polémica desatada tras las afirmaciones vertidas, en los últimos días, por el Obispo José Vicente Conejero Gallego, fue categórico: “La historia demuestra que siempre que la Iglesia se

inmiscuyó en cuestiones políticas no le fue bien a nadie”

Avanzo afirmando que “si para muestra basta solo un botón, afirmó el funcionario, les ofrecemos dos. Es la primera vez que se da, que un prelado, opine respecto de la instalación de una industria en una provincia y estime que tal medida, que es de corte netamente político, no es conveniente ni necesaria”.

Añadió que “otro, el reciente caso de considerar que, los planes sociales, no deberían ser tenidos en cuenta, como ocupación, a los efectos de la valoración de los índices de empleo. Los demás sabemos lo que sus envidados opinan desde los púlpitos. Más allá de toda la parafernalia armada en torno a los desafortunados dichos de monseñor, remarcó el funcionario, por un momento, se ha dejado de lado el debate de ideas y, lamentablemente, se ha bajado al de la ignominia del insulto por el insulto mismo. Es impresionante y da vergüenza ajena el ver el desfile de agravios, en todo sentido, que se están propinando entre miembros de nuestra comunidad”.

Expuso que “el propio obispo, conforme lo publicado por un matutino local, se refirió a sus prójimos como “chantarás rentados”, que no importa en el contexto en que lo pongamos, no deja de ser insulto e insultarnos es lo que menos necesitamos como sociedad para madurar. Si pretendemos crecer como comunidad, toda diferencia de ideas debe plantearse en el marco de un debate serio, con mucho respeto de la dignidad de cada individuo sea o no autoridad, estimo que el mayor respeto de su investidura, debería tenerlo todo representante de la Iglesia, pues todos los que acudimos a ella, tenemos la necesidad de creer que todo lo que dice es cierto y si no lo es, no representa en realidad a aquel que dice representar y que sabemos que sí lo ve todo y cuya palabra es la verdad”.

Gialluca enfatizo finalmente que “la historia está regada de intervenciones políticas poco felices de nuestra Iglesia Católica, toda vez que hizo política no le fue bien a nadie. Sus representantes hoy, gracias a Dios y seguramente a los que detentan el poder, como todos nosotros, pueden opinar libremente. Pero esa libertad de opinar debe ser ejercida con responsabilidad, es decir con la verdad y, desde el rol que a cada uno nos toca, nuestros pastores salvando almas y nuestros gobernantes haciendo posible el tan mentado bienestar general de nuestra comunidad