La Marcha por Maxi fue inútil

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Quizás suene muy duro afirmar sin tapujos que la marcha pidiendo Justicia y Seguridad de este lunes haya sido inútil Lamentablemente, y pese a quien le pese, ha sido inútil, como todas las acciones que en esa materia se llevan a cabo en un sistema que no aguanta más.

Lo dijo el mismo padre Goyo, en la marcha: ”No sé cómo esto no revienta”.

Y no se trata de animar respuestas irracionales ni de incentivar venganzas o levantamientos populares. De hecho, lo que pasó  fue un levantamiento silencioso y pacífico, que quedó en una gran demostración de impotencia, bronca, dolor y frustración, con un dejo de esperanza, pero en la oscuridad de la Fe de que alguien se haga cargo, o QUE  todos nos hagamos cargo de cada Maxi que puebla las crónicas policiales.

Educación, contención, protección, son los elementos de la seguridad. Si alguno de ellos falta, no hay seguridad, hay inseguridad.

Sin educación no hay valores, no hay la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo que se debe hacer y lo que no.

Sin contención, no hay dirección de adónde deben ser dirigidos las fortalezas y debilidades de una sociedad y sus individuos.

Sin protección, que debe dar el Estado en todo momento, tampoco hay sensación de que alguien vela por nosotros.

En la madrugada del sábado 1 de agosto, todos estos males confluyeron en medio de los gritos desgarradores de la calle Uruguay, nos dejaron en una orfandad que se siente a flor de piel, y se manifestó en miles de chicas y muchachos marchando por las calles de la ciudad.

Ese grito silencioso de nuestros hijos, aquellos que alguna vez supimos ser como estudiantes venidos del interior, nos sacudió y nos desnudó en todas esas carencias. Nos dejó al descubierto en una indefensión total y absurda.

Permítanme ser realista. La marcha fue inútil.

Nadie tomó el toro por las astas. Cada una de las autoridades de la boca para afuera intentaron dar respuestas. Apresaron al supuesto autor, dicen que persiguen al prófugo, y quieren convencer que se esclareció el hecho.

Lo que no dicen, es que falló todo. Un dejo de sincericidio del Jefe de Policía, destacó que la forma de operar de los criminales burla las patrullas policiales. Un reconocimiento de que la delincuencia les gana, y que es superior a la propia policía.

Pero fallaron todos los controles. Si un liberado por la justicia pero con frondoso prontuario puede deambular tranquilamente con la posibilidad de volver  a cometer los mismos hechos por lo que está acusado, y puede hacer lo que hizo, significa que nadie veló por él para que no repita conductas.

Desde el sistema judicial garantista hasta la flexibilidad de la acción preventiva, todo ha fallado.

Y  preocupa cuántos como ese asesino andan sueltos liberados por argucias jurídicas, jueces garantistas, o procedimientos mal hechos. Cuántos los hay en busca de víctimas que transitan las calles.

Por eso el temor, por eso ese clamor de la marcha, porque los asesinos están sueltos, caminando entre nosotros, a veces vigilándonos, para dar el zarpazo criminal al primer descuido.

Y es eso lo que no se tolera.

Porque al Estado se le da el Poder para tomar las decisiones  de ordenar la sociedad, de cuidarnos, educarnos y sanarnos, y no de que debamos depender de la buena suerte de un día que no nos toque morir en la calle acuchillados por un marginal.

Si el Estado esconde bajo la alfombra cada vez más los hechos delictivos, y solo da a conocer  los supuestos logros, estamos frente a un aparato informativo montado para mostrar los propios logros que se quieren que se muestre, y escondiendo la realidad de una sociedad que vive con más temor cada día.

Es curioso que el parte policial nunca trae la crónica de los hechos delictivos que a diario se denuncian, y solo difunde las aprehensiones y esclarecimientos positivos, en una manipulación tajante de la información.

Si el Estado nos esconde, qué debemos esperar entonces a la hora de decirnos de qué cuidarnos. Nada, porque es incapaz de prevenirlo.

Y si el Estado, nuestra sociedad jurídicamente organizada, no da respuestas preventivas, evitando estos hechos, entonces sí, estamos huérfanos.

Muestra de ello es la inmediata limpieza de las velas y carteles que el reclamo juvenil dejó en las paredes y veredas de la Casa de Gobierno. Las escondieron bajo la alfombra de la vergüenza.

Duele, pero es verdadero.

La marcha pidiendo por seguridad, entonces, lo reafirmo, ha sido inútil.

FRM