Mal presagio de las encuestas para el Gobierno

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La hipótesis de una peor performance electoral del Frente de Todos en las elecciones generales del 14 de noviembre se verifica en distintos sondeos de opinión pública.

Tras la debacle del Frente de Todos en las PASO, algunos pocos dirigentes del oficialismo imaginaron que se podría reeditar “la gran Rodríguez Saá” en las elecciones generales del 14 de noviembre. Así llaman a la histórica remontada que logró, en octubre de 2017, el entonces candidato a senador nacional Adolfo Rodríguez Saá en San Luis, luego de ser ampliamente derrotado en las primarias abiertas dos meses antes. Sin embargo, al menos a cuarenta días de los comicios generales, no hay encuesta que no presagie un resultado todavía peor para la actual coalición gobernante liderada por Cristina Kirchner y Alberto Fernández.

En agosto de 2017, la hegemonía de la familia Rodríguez Saá fue puesta en duda, cuando en las PASO para definir las listas de legisladores nacionales que representarían a San Luis, el postulante de Cambiemos Claudio Poggi, aventajó al oficialismo por casi veinte puntos. Pero dos meses más tarde, en la elección general, el frente encabezado por Adolfo Rodríguez Saá y apoyado por su hermano, el gobernador Alberto Rodríguez Saá, se impuso con el 55,3% de los votos contra el 43,2% de su rival, aumentando en más de 17 puntos su caudal electoral.

El secreto de aquella remontada es hasta hoy inexplicable y milagroso para muchos. No obstante, las opiniones mayoritarias apuntan al poderoso aparato clientelista y a la exacerbación de las viejas prácticas populistas para entender ese fenómeno electoral. Obras públicas, créditos, planes sociales, puestos de trabajo estatales y hasta dinero en efectivo o cheques de 4000 pesos para canjear por materiales para la construcción y otros artículos habrían sido claves para que el oficialismo sanluiseño sumara en dos meses unos 50 mil votantes.

En otra escala y salvando las distancias, lo que intenta hacer el Gobierno, evidenciado por el “plan Platita” enunciado por Daniel Gollan, no es muy diferente que aquella estrategia electoral de los Rodríguez Saá. Hasta las imágenes que diariamente se repiten de Alberto Fernández poniendo el cuerpo y reuniéndose con vecinos para tomar nota de sus inquietudes o hasta para compartir una cerveza parecen tomadas del ejemplo de San Luis. Ni qué hablar de las masivas entregas de heladeras, cocinas o bicicletas en algunos distritos del Gran Buenos Aires.

Hoy casi nadie en el gobierno de Alberto Fernández o entre las huestes de la vicepresidenta se ilusiona con repetir en noviembre el fenómeno de las urnas que protagonizaron los Rodríguez Saá en 2017. Hay, con todo, un objetivo de mínima, que es reducir la diferencia de votos en contra (40% contra 31%) respecto de Juntos por el Cambio; recuperar parte de los más de 4 millones de sufragios perdidos respecto de los comicios de 2019, en la categoría de diputados nacionales, y dar vuelta la derrota en algunas provincias con el fin de mantener la actual mayoría propia en el Senado de la Nación.

Si bien nadie puede predecir lo que puede ocurrir dentro de seis semanas en la Argentina, los sondeos de opinión pública que se conocieron en los últimos días no solo dan cuenta de una profundización del descenso en la imagen positiva de los principales referentes del oficialismo, sino que también presagian una menor intención de voto para el oficialismo o, al menos, que una porción de sus votantes en las PASO está pensando en modificar su sufragio.

Así, según la última encuesta de la consultora Synopsis (concluida el 20 de septiembre entre 1470 personas), el 11,1% de quienes dicen haber votado al Frente de Todos duda en volver a hacerlo y el 1,7% de ellos manifiesta que modificaría su voto para apoyar a la oposición. La intención de voto medida para el oficialismo fue del 28,8%, algo por debajo de la cosecha obtenida el 12 de septiembre.

El último muestreo de Giacobbe & Asociados (concluido el 24 de septiembre entre 2500 personas) indica que la imagen positiva del presidente de la Nación ha vuelto a caer unos diez puntos desde las PASO, alcanzando apenas el 17,5%, mientras su percepción negativa se ha elevado hasta el 68,2%. “Estamos hablando de una disolución de su prestigio muy severa. No lo respetan ni los propios”, opina Jorge Giacobbe, director de la consultora.

Aun así, el 47,5% de las personas consultadas en este estudio creen que la culpa del resultado electoral de las PASO la tiene Cristina Kirchner, un porcentaje superior al de quienes le endilgan la derrota a Alberto Fernández (35,3%). Y apenas el 16,7% considera que la culpa fue de la pandemia; es decir que ni siquiera todo el público del Frente de Todos ubica el problema fuera de la coalición gobernante, sino que alrededor de la mitad lo encuentra dentro de ella.

De acuerdo con el sondeo de la consultora Management & Fit terminado el 1° de octubre entre 2200 personas, la imagen positiva de Alberto Fernández es del 27,8% y la negativa, del 53,8%. Y cuando se pregunta a la población qué haría en caso de que mañana hubiera elecciones presidenciales, solo el 30,5% indica que votaría un candidato favorable al gobierno actual (2,4 puntos menos que en la medición de agosto), contra el 58,9% que votaría a un candidato opositor (4,6 puntos más que dos meses atrás).

Otro dato negativo para el Gobierno es que, en principio, los cambios en el gabinete ministerial no provocaron mayores expectativas positivas en la población. Según el estudio de Giacobbe, las imágenes de los ministros nuevos son un desastre. Todos oscilan entre el 12,3% del jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el 18,5% de Daniel Filmus (Ciencia y Tecnología) en percepción positiva, y los más cruciales superan el 60% de imagen negativa, como Aníbal Fernández (Seguridad) y el propio Manzur. Un dato más alentador para el oficialismo es que el 29% -porcentaje cercano al de votantes del Frente de Todos en las PASO- asegura que los cambios son positivos, aunque el 69,5% opina que son negativos.

En sintonía semejante, la citada encuesta de Synopsis registra que para el 55,9% de las personas consultadas los recientes cambios en el gabinete empeorarán mucho o algo la gestión de gobierno, en tanto que para el 25,2% la mejorarán mucho o algo.

Ni siquiera la esperanza del oficialismo de que los candidatos liberales, como Javier Milei o José Luis Espert, les roben votos a los postulantes de Juntos por el Cambio encuentra por el momento consistencia. La más reciente encuesta de CB Consultores, concluida el 30 de septiembre en la Capital Federal entre 1259 casos, señala que efectivamente Milei avanza en intención de voto respecto de las PASO: del 13,6% obtenido en septiembre llega a medir ahora el 19,4% incluyendo indecisos y del 21,3% proyectando el posible sufragio de los indecisos. La mala noticia para el Frente de Todos es que el crecimiento de Milei llega más por una leve caída del candidato del Gobierno, Leandro Santoro, que por un descenso de María Eugenia Vidal, que hasta ahora no se verifica.

Fernando Laborda (LA NACION)