MIÉRCOLES DE CENIZA. El Padre Luis Canesín celebró la misa al inicio de la cuaresma.

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Ante una importante cantidad de feligreses y agentes de pastoral de la jurisdicción congregados en el templo Sagrado Corazón de Jesús de Laguna Naineck, el cura párroco Luís Canesín celebró la Misa al inicio de la Cuaresma, este miércoles de ceniza.

“La Cuaresma que comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, ayuno y limosna – resaltó Canesín durante su homilía – cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón en forma personal y comunitaria. Revisar nuestras relaciones interpersonales, nuestro rol social. Jesús nos propone con la oración un encuentro personal con Dios, le hablamos de nuestra vida y escuchamos a Dios.

El ayuno es la privación, no solamente del alimento, significa la privación de las malas acciones, las malas palabras, ayunar significa también dejar de lado las redes sociales que dificulta el dialogo y las relaciones interpersonales, significa dejar de lado la televisión. El ayuno debe ser un acto verdadero que nos ayude a la conversión”, destacó.

“Con la limosna podemos ayudar con bienes materiales como así también con bienes espirituales. Limosna es también compartir el tiempo para reconciliarnos. No debe ser un aporte de lo que sobra sino un acto de amor hecho de corazón”, enfatizó.

IMPOSICIÓN DE LA CENIZA.

Tras la homilía, el padre Canesín cumplió con la imposición de la ceniza a niños y adultos, como signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión.

Cabe resaltar que “la imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres”.