RECLAMO ORIGINARIO: Acampe en la 9 de Julio: van 6 meses y llegó más gente

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Lo realizan integrantes de pueblos originarios en el cruce con Avenida de Mayo. Reclaman por tierras y que los reciba el Gobierno Nacional. En la carpa ya hay más de 60 personas.

Seis meses, y pueden ser más. El acampe de los pueblos aborígenes en 9 de Julio y Avenida de Mayo cumplió medio año, y sin que haya a la vista respuestas a sus reclamos, todo hace pensar que continuará un tiempo más.

“El acampe seguirá, y estamos pensando otras medidas de protesta. Esperamos que el Gobierno nos reciba antes de irse”, confirmó Jorge Palomo, vocero de los Wichi, uno de los cuatro pueblos aborígenes en el acampe, junto con los Qom, los Pilagá y los Nivaclé.

Los aborígenes, llegados desde comunidades de Formosa, se instalaron el 14 de febrero. En la esquina, junto al monumento a Don Quijote, montaron una gran carpa azul y blanca donde fueron acumulando los catres, la ropa y los alimentos. También montaron un stand donde venden artesanías, y les reparten folletos a la gente que pasa para explicarles su lucha. Originalmente eran 30, pero hace un par de semanas se sumaron unas 60 personas más que venían en caravana desde Formosa. Hoy, en el acampe hay unas 65 personas, más colaboradores de organizaciones sociales y partidos de izquierda que los asisten durante el día. Las condiciones son duras: apenas tienen tres baños químicos; en las últimas tormentas perdieron frazadas y colchones; y hay varios aborígenes con problemas de salud. Cuando se cumplieron los seis meses, en un comunicado solicitaron asistencia médica y donaciones de abrigos, madera para hacer fuego y otros elementos que escasean en el acampe.

“Son gente tranquila, no molestan. El problema es que atrás se montó una carpa con gente de la calle, y esos sí toman alcohol y hacen ruido, pero no tienen nada que ver con los aborígenes”, comentó un empleado de la farmacia que está frente al acampe.

El reclamo es el histórico pedido de las comunidades formoseñas: que les devuelvan el territorio que les sacaron. Además, que de una vez lleguen la salud, la educación y los servicios sanitarios a sus pueblos. Tras años de enfrentarse con el gobernador Gildo Insfrán, ahora le reclaman también al Gobierno nacional. Hasta ahora, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner nunca los recibió, sólo mantuvieron dos reuniones con el secretario de Derechos Humanos Juan Martín Fresneda, y hoy mantendrán la tercera. Según afirman los aborígenes, este funcionario también fue al acampe para pedirles que no fueran a protestar a la Casa Rosada el día que fue inaugurada la estatua de Juana Azurduy, con un acto en el que participaron la Presidenta y su par boliviano Evo Morales.

Ante la falta de diálogo, los aborígenes realizaron numerosos cortes de tránsito, tanto en la 9 de Julio como en la Avenida de Mayo. En uno de ellos estuvieron a punto de ser desalojados por la fuerza: fue el 1° de julio, después de que realizaran una fogata, cuando aparecieron más de 20 vehículos policiales, entre camiones, ambulancias e hidrantes, y decenas de efectivos. Semejante despliegue hacía pensar en un inminente desalojo, pero finalmente no sucedió nada.

En 2011 sí habían sido sacados por la fuerza. Se habían instalado a fines de 2010, y luego de cinco meses la Gendarmería los desalojó, en un operativo del que también participaron militantes de La Cámpora, liderados por el diputado nacional Andrés “Cuervo” Larroque. (CLARIN)