Una vigilia que no debe asustar

128

El bombardeo proselitista, al menos en los me­dios de comunicación convencionales, cesó; la veda electoral como lo establece la norma comicial empezó a regir ayer desde las 8.
Las aguas deberían aquietarse, pero el oleaje políti­co siguió con señales de alarma de lo que podría pasar mañana en la jornada comicial: un fuerte cruce entre el Gobierno nacional, la Dirección Nacional Electoral y uno de los frentes que competirán en las elecciones ocupó gran parte de la jornada de ayer. Justamente, el día en que se debería relajar todo el andamiaje parti­dario y concentrar fuerzas exclusivamente en la logís­tica comicial.
Sin embargo, acusaciones cruzadas sobre faltantes de pa­peletas esgrimidas por el propio Gobierno nacional a uno de los competidores, echando un man­to de dudas sobre una presunta conspiración para mellar el acto eleccionario de mañana es in­quietante, porque justamente proviene del encargado de velar por la seguridad de la elección y de los votantes. La administra­ción nacional con su jefe de Ga­binete, Aníbal Fernández, quien compite en el principal distrito del país (provincia de Buenos Aires), son los que aventaron la idea de que un frente se autorrealizó sabotaje al no completar la suficiente cantidad de boletas y cubrir de esa forma y territorialmente todo el mapa bonaerense.
La situación es bochornosa y como se indicó al ini­cio, alarmante, porque uno de los acusadores es el en­cargado de asegurar el máximo acto de la democracia.
A casi cuatro décadas de vida institucional en el país no es admisible que los electores tengamos que seguir temiendo a la hora de ir a votar. Lo que es aún más alarmante es a lo que se arribó en los últimos tiempos, la duda sobre los procesos electorales. Esta duda no es azarosa, tiene una raíz de certidumbre sobre esas du­das aunque parezca contradictorio y son los episodios ocurridos en la provincia de Tucumán el domingo 23 de agosto pasado.
Ese día se desarrolló el acto comicial en esa juris­dicción del norte del país donde entre varios cargos electivos, se votó a Gobernador. Se quemaron urnas y hubo ataques en las escuelas que oficiaban de centros de votación. Heridos e incertidumbre en la noche de la jornada electoral, parecía que recién se estaba ejer­ciendo la democracia en el país tras los oscuros y lar­gos años dictatoriales. Pero no, habían pasado más de 30 años de vida democrática, y ver las imágenes de ur­nas quemadas y episodios de vandalismos en escuelas parecían una polaroid imposible. Por eso se debe prestar atención a las denuncias cruzadas de los últimos días, porque uno de los involucrados es parte en la com­petencia comicial y es el máximo responsable de asegurar que el sistema funcione e informar con tranquilidad e idoneidad quién ganó la elección, entrada la noche de mañana y la madrugada de este lunes.
¿Acaso está tan débil la institu­ción democrática para escribir so­bre esto? Quizás no, pero no hay nada peor que dudar de las leyes que rigen a una so­ciedad, especialmente a una comunidad que no suele ser apegada a las normas.
La fortaleza de las instituciones las da la sociedad misma, con su legitimación a través del voto a sus representantes, pero después involucrándose, exi­giendo que esos representantes electos cumplan con las normas; lo más lamentable es la desidia de los ha­bitantes. Sobre esta base es que se debe trabajar, más allá de todo resultado electoral. La solidez de un sis­tema que por más imperfecto que sea, es que permite modificar la realidad a pesar de las adversidades. Los otros sistemas, absolutistas, está demostrado que sólo conducen a las sociedades al abismo. En estos tópicos es que radica la importancia de no tener miedo.