En el marco del camino hacia el centenario de su fundación, Laguna Naineck evoca uno de los acontecimientos más significativos de su historia: la conformación de la Comisión de Fomento como primer gobierno local, ocurrida en 1964. A 62 años de aquel acontecimiento, la fecha representa una oportunidad para recuperar la memoria de quienes contribuyeron a organizar institucionalmente una comunidad que había comenzado a gestarse décadas atrás. Aquel paso significó mucho más que la creación de una estructura administrativa: fue el reconocimiento de una localidad que había construido, con esfuerzo y perseverancia, las bases de su identidad y de su desarrollo.
Los orígenes de Laguna Naineck se remontan a las primeras décadas del siglo XX, cuando las tierras de la zona pertenecían a los señores Mones Cazón y Durañona. Hacia 1912, parte de esos campos fue arrendada a José Fernández Cancio, considerado uno de los primeros pobladores organizados de la región. Con el paso de los años fueron llegando numerosas familias que se asentaron espontáneamente y comenzaron a transformar el territorio con su trabajo cotidiano. Entre aquellos primeros pobladores se recuerda a Alejandro Murdoch, José Barboza, Benigno Lucero y Tiburcio Ugarte, entre otros, cuyos esfuerzos contribuyeron a forjar los primeros cimientos de la comunidad.
Un acontecimiento decisivo en ese proceso fue la creación de la Escuela Nº 61, inaugurada el 28 de septiembre de 1926, con Félix Ergasto Ramírez como primer maestro y director. La institución educativa se convirtió rápidamente en un punto de referencia para las familias de la colonia y en uno de los pilares de la organización comunitaria. El crecimiento de la población fue acompañado posteriormente por la llegada de servicios e instituciones fundamentales: el Destacamento Policial en 1929, la Oficina del Registro Civil en 1936, un puesto de Gendarmería Nacional en 1942 y la Estafeta Postal en 1948. Cada una de estas incorporaciones contribuyó a consolidar la presencia institucional y a fortalecer las condiciones para el desarrollo de la localidad.
En ese proceso de crecimiento surgió una iniciativa que resultaría determinante para el futuro institucional de Laguna Naineck. En febrero de 1964, el entonces diputado provincial por la Unión Cívica Radical, Virgilio Cantón, impulsó la conformación de una comisión vecinal. Su visión política y su comprensión de las necesidades de una comunidad que ya mostraba signos de crecimiento fueron claves para promover aquel paso hacia la institucionalización del gobierno local. La asamblea se realizó en el domicilio de Basilio Bondaruk, bajo la presidencia y secretaría de Mercedes Gilberto Medina y Pedro Acosta Román, respectivamente, y permitió elegir a las primeras autoridades: Salvador Montanaro como presidente; Federico Báez como vicepresidente; Rósula Caballero como secretaria; Gerónimo Caballero como tesorero; Cristóbal Boscarino, Martín Aguirre y Juan Bachaquí como vocales; y Mercedes Gilberto Medina y Pedro Acosta Román como síndicos.
La iniciativa promovida por Cantón y acompañada por caracterizados vecinos encontró su reconocimiento formal meses después. El 15 de septiembre de 1964, el entonces gobernador de Formosa, doctor Alberto Montoya, firmó el Decreto Nº 1.925, mediante el cual se aprobó la constitución de la Comisión de Fomento de Laguna Naineck y se designó a Salvador Montanaro como jefe del gobierno local. El decreto establecía que los intereses y servicios de carácter local de los centros poblacionales que contaran con más de 250 y hasta 500 habitantes serían administrados por comisiones de fomento, de acuerdo con la Ley Orgánica de los Municipios. De esta manera, aquella iniciativa vecinal alcanzó el reconocimiento institucional de la Provincia y dio nacimiento formal al primer gobierno comunal de la localidad.
A 62 años de aquel acontecimiento y con la mirada puesta en el centenario de Laguna Naineck, la conformación de la Comisión de Fomento constituye un capítulo fundamental de una historia construida por generaciones. El impulso visionario de Virgilio Cantón, acompañado por vecinos comprometidos con el crecimiento de su comunidad, permitió transformar una aspiración colectiva en una realidad institucional. Recordar aquel proceso implica reconocer a quienes entendieron que el desarrollo de Laguna Naineck requería también de una organización política y administrativa propia, capaz de atender sus necesidades y proyectar su futuro. En la actualidad, aquella decisión constituye parte inseparable de la identidad histórica de una localidad que avanza hacia sus primeros cien años de vida con la memoria de sus pioneros y de quienes sentaron las bases de su gobierno local.



