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jueves 24, septiembre 2026.
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LAGUNA NAINECK. Historias del Centenario: Gilberto Medina, la huella de un hombre que ayudó a construir este pueblo

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Hay personas cuya historia personal termina convirtiéndose, con el paso de los años, en parte de la historia de un pueblo. Hombres y mujeres que, desde la sencillez de sus vidas cotidianas, dejaron una huella que permanece mucho después de su partida. En el año en que Laguna Naineck celebra su centenario, recordar a don Gilberto Medina es volver la mirada hacia una de esas figuras que acompañaron el crecimiento de la comunidad y que hicieron del trabajo, la solidaridad y el compromiso una verdadera forma de vida. Hoy, 24 de septiembre, al cumplirse un nuevo aniversario de su nacimiento, su nombre vuelve a ocupar un lugar en la memoria de quienes reconocen en él a uno de los hombres que contribuyeron a forjar la identidad de esta localidad.

Mercedes Gilberto Medina nació el 24 de septiembre de 1929, como primogénito de una familia que también fue protagonista de aquellos primeros tiempos de la comunidad. Su padre, don Cándido Medina, descendiente de españoles, y su madre, doña Teresa González, de procedencia paraguaya, contrajeron matrimonio en 1928 y formaron un hogar de diez hijos, ocho mujeres y dos varones, aunque uno de ellos falleció a los ocho meses de vida. En aquella familia de raíces diversas, trabajo y sacrificio, Gilberto, nombre con el que se lo conocía,  creció aprendiendo desde muy temprano los valores que marcarían su existencia: el respeto por la palabra, el esfuerzo cotidiano, el amor por la familia y la disposición permanente para ayudar a los demás.

Su vínculo con la educación comenzó siendo muy pequeño. Al día siguiente de cumplir seis años ingresó a la entonces Escuela Nacional Nº 114, actual Escuela de Frontera Nº 13 de Isla Puen, donde tuvo como primera maestra a Tolentina Toledo Morel de Ramírez, quien le enseñó las primeras letras hasta segundo grado. Continuó luego sus estudios en la Escuela Nacional Nº 61, hasta cuarto grado, para completar finalmente la enseñanza primaria en la ciudad de Clorinda. En 1956 contrajo matrimonio con doña Silveria Güimpelevich y juntos formaron una familia de tres hijos. Paralelamente, Gilberto fue un trabajador incansable: cultivó la chacra, crió ganado y se dedicó al acopio y comercialización de productos de la zona, como algodón y banana. Aquellas actividades no solamente representaron el sustento de su hogar, sino también una manera de participar activamente de la economía de una comunidad que comenzaba a consolidarse.

Pero su verdadera dimensión como hombre de comunidad se manifestó en su permanente participación social. Don Gilberto entendía que un pueblo no se construye únicamente con caminos, edificios u obras materiales, sino también con instituciones, cultura, solidaridad y participación. Fue un colaborador permanente de las escuelas, acompañó las celebraciones patrias y promovió distintas expresiones de la vida cultural y social. Junto a su padre, don Cándido Medina, participó de la fundación del Club “29 de Setiembre”,  el 23 de febrero de 1948, institución que tuvo a su padre como presidente y a Gilberto como tesorero, junto a vecinos como don Priscilio Caballero y Natividad Lugo, entre otros. Aquella iniciativa, nacida en una época en que todo parecía estar por hacerse, representa también el espíritu de una generación que comprendió que las instituciones eran indispensables para unir a los vecinos y abrir espacios de encuentro para las nuevas generaciones.

Su vocación de servicio lo llevó años después a asumir una responsabilidad mayor. Reconocidos vecinos de la comunidad propusieron su nombre para presidir la Comisión de Fomento de Laguna Naineck y, entre 1981 y 1983, estuvo al frente de la administración comunal. Durante ese período impulsó obras y acciones destinadas a responder a las necesidades concretas de una población que continuaba creciendo. La reparación y el mantenimiento de los caminos vecinales de las colonias, la construcción del puente Paso Báez y las redes de desagües cloacales del centro urbano fueron algunas de las realizaciones de aquella etapa. También promovió la cultura mediante el apoyo a grupos folklóricos y clubes de fútbol, inició la construcción del salón de usos múltiples y fue uno de los impulsores de la construcción del primer colegio secundario de la localidad y de la Sala de Primeros Auxilios de Toro Paso. Y cuando la adversidad golpeó a una comunidad vecina, tampoco permaneció indiferente: en las postrimerías de su mandato, acompañó desde el gobierno comunal la acción solidaria de Laguna Naineck en favor de las familias de Clorinda afectadas por la devastadora inundación de 1983.

Mercedes Gilberto Medina falleció el 6 de agosto de 2023, a los 94 años. Se fue físicamente, pero quedó aquello que ninguna despedida puede llevarse: el recuerdo de una vida que tuvo sentido en los demás. Quedó su ejemplo de hombre trabajador, honrado, firme ante las dificultades y generoso en la acción; quedó el recuerdo familiar, el de sus vecinos y el de una comunidad que supo encontrar en él a un hombre dispuesto a asumir responsabilidades cuando las circunstancias lo reclamaban. En el centenario de Laguna Naineck, su historia adquiere una dimensión todavía mayor: la de representar a una generación de pioneros que, sin grandes recursos y con enormes desafíos, ayudaron a transformar una geografía de esfuerzos en una comunidad con identidad propia. Recordar a Mercedes Gilberto Medina en este aniversario de su nacimiento es, en definitiva, rendir homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que hicieron posible el pueblo que hoy celebra sus primeros cien años. Porque los pueblos no solamente se construyen con ladrillos y caminos: se construyen con vidas, con ejemplos, con solidaridad y con personas que, como él, dejaron una parte de sí mismas en la historia de su comunidad./Oscar Insfrán (Periodista – Redactor y Director de NaineckPrensaDigital)