En la noche de Ezeiza, las vibras de la Primera se trasladaron a la Reserva. Es que si bien este superclásico fue mucho más parejo que el del 9 de noviembre en la Bombonera, la sensación que quedó fue que Boca lo ganó porque está derecho. Porque, a pesar de que terminó siendo superior sobre todo por lo hecho en el segundo tiempo, hizo la diferencia en las más claras que tuvo. Y que a River, con varios jugadores que ya tuvieron rodaje con Gallardo, le costó bastante imponerse desde el juego.
Un triunfo que es más que el pase a la final para el xeneize (miércoles que viene vs. Gimnasia, en la cancha de Banfield): es sinónimo de festejos y alegría total para un grupo de jóvenes que había quedado primero en su zona y que cortó una racha de siete superclásicos seguidos sin victorias en la categoría (el último, el 10/9/22). También, para el DT: la mano de Mariano Herrón, el de los tantísimos interinatos, fue determinante para el 2-0 final.
Porque si el partido tenía un control repartido y muchas veces se tornaba ajedrecístico, se rompió con el ingreso de Iker Zufiaurre, el héroe de la noche. Ahí, Boca empezó a contar con la terminación que no le había podido dar Simone y complicó a un fondo de River que se había mostrado sólido: primero con un cabezazo (le ganó la espalda a Ulises Giménez) y sobre el final aprovechando el desconcierto rival, el goleador (séptimo tanto en este torneo) justificó lo que desde el juego era merecido.
Si bien no se llevará los flashes, lastimó e inquietó cuando el equipo generó la superioridad numérica contra De la Cuesta y Meza. Algo a lo que River, inconexo arriba y muy dependiente de las gambetas de Jaime y alguna corrida de Freitas, le costó encontrarle la mano.
Suficiente para un reforzado equipo de Herrón, que contó con Brey (tuvo una atajada clave) y ahora irá por el 29° título en Reserva, estirando el presente derecho de la Primera. Porque si bien en el banco no está Úbeda y el 5 no es Paredes, los pibes quieren espejarse con el momento de los más grandes…/Olé



