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martes 7, julio 2026.
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Bélgica le ganó 4-1 a EEUU y enfrentará a España en cuartos

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El equipo de Mauricio Pochettino concluyó su participación en la Copa Mundial, no pudo ante el ataque de los belgas y recibió cuatro anotaciones.

Pocos partidos en la historia de los Mundiales comenzaron a jugarse con tanta anticipación como este Bélgica-Estados Unidos que, al contrario de lo que debería ser normal, se suponía que iba a quedar en la memoria por lo ocurrido en las 24 horas previas más que por lo que pudiera suceder sobre el césped.

La sorprendente y turbia decisión de la FIFA de levantarle a Folarin Balogun, el centrodelantero local, la suspensión que debía cumplir por haber sido expulsado ante Bosnia y Herzegovina, pretendió oscurecer con una enorme mancha al deporte que fascina al planeta justo en su cita más importante. El choque parecía condicionado de antemano. Pero nos equivocamos todos. Bélgica puso la pelota contra el suelo, jugó como no lo había hecho en todo el Mundial, goleó por 4-1 a Estados Unidos y devolvió las cosas al lugar de donde nunca debieron moverse.

Apenas se habían disputado 50 segundos cuando Matt Freese debió volar para sacar del ángulo derecho un remate de Timothy Castagne. Sería el anticipo de un encuentro que iba a deshacer uno a uno todos los pronósticos. Los que podían presumirse después de lo ocurrido en los despachos, y también de acuerdo a lo visto de ambos equipos en sus anteriores actuaciones.

Los belgas, que tantas dudas venían sembrando en su andar por el torneo, hicieron caso omiso de la presencia de Balogun y del favoritismo de los dirigidos por Mauricio Pochettino, se adueñaron del campo y el balón en el mismo momento que el jordano Adham Tumah Makhadmeh sopló su silbato por primera vez, y recién darían sensación de fragilidad en el descuento de la primera mitad, cuando un par de carreras del hijo de emigrantes nigerianos en Inglaterra que había sido noticia durante todo el día puso en apuros a la defensa flamenca.

Ni siquiera el gol del empate transitorio guardó alguna relación con el fútbol ágil, preciso y profundo que habían enseñado los locales en sus primeras presentaciones. En el único fallo dudoso de esa etapa inicial que hizo recordar las discusiones, quejas, denuncias y comunicados cruzados en el transcurso del día, el correctísimo árbitro jordano vio falta en un leve toque de Brandon Mechele a Balogun en la puerta del área. Ejecutó Malik Tillman, desvió de cabeza Hans Vanaken que estaba en la barrera, y puso el 1 a 1.

Antes y después, la sensación fue que la polémica había afectado más al presuntamente beneficiado Estados Unidos que a su perjudicado rival. O en su defecto, que la responsabilidad de buscar un sitio que el país nunca había alcanzado en una Copa del Mundo y las dificultades de enfrentar a un adversario con mayor categoría individual le generó a los locales algo así como miedo escénico o un ataque de pánico.

Lo concreto fue que cualquier parecido con el equipo que bailó a Paraguay en el debut pasó a ser pura casualidad. Ninguno de esos volantes que aquel día funcionaron como un mecanismo de relojería acertaba con los pases, el entonces imparable Christian Pulisic era incapaz de concretar una gambeta y, aún peor, la defensa comenzó a acumular errores grotescos, casi de equipo amateur.

Bélgica se encontró con un partido redondo. Rudi García dejó en el banco a Kevin De Bruyne, Romelu Lukaku y Jérémy Doku, y sus sustitutos le dieron la razón. Dodi Lukevakio fue una pesadilla por derecha, Nicolas Raskin, volante mixto del Glasgow Rangers, fue un baluarte de la recuperación y un socio ideal para Leandro Trossard; y Charles De Ketelaere estuvo en el lugar exacto como delantero centro. A los 8, para empujar el centro de Raskin y abrir el marcador; a los 32, apenas 2 minutos después del empate, para ganarle en el salto a Tim Ream y establecer el 2-1; y a los 11 de la segunda parte, para apretar a Freese en una salida, pellizcarle la pelota y dejársela a Hans Vanaken para marcar el tercero con al arco vacío.

El destino del último de los organizadores que quedaba en pie quedó escrito mucho antes del cierre. Vacío de ideas, de ánimo y de juego, Estados Unidos se fue entregando mansamente y se despidió del torneo con una actuación desastrosa, inexplicable.

Si faltaba algo, en el descuento otro horror defensivo le permitió a Lukaku, que llevaba un rato en el campo, convertir el 4-1. Su festejo con gestos elocuentes -Topo Gigio, movimiento de mano con el significado de sigan hablando y dedicatoria con el índice señalando a la zona del palco de autoridades- trajo el recuerdo de todo lo que había pasado antes. Ya importaba poco. El juego, el bendito juego que atrae a las multitudes de todo el mundo, acababa de quitarle a la pelota la enorme mancha que la FIFA quiso ponerle./RadioSudamericana