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martes 7, abril 2026.
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Carta abierta a Murdoch: cuando el poder llama «violencia» a la palabra

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Una contundente carta abierta del profesor Franck Kafka puso en el centro del debate público una de las discusiones más sensibles del presente político local: el uso del concepto de «violencia digital» por parte del intendente de Laguna Naineck, Julio «Yuyi» Murdoch, para referirse a las críticas que circulan en redes sociales.

En su texto, Kafka advierte que Murdoch no está describiendo un fenómeno social, sino interviniendo políticamente sobre el sentido de una palabra clave: violencia. Y lo hace —según plantea— desplazando el concepto desde donde históricamente lo ubican las ciencias sociales: el poder.

«La violencia no es una metáfora moral ni una incomodidad subjetiva. Violencia es asimetría de poder, capacidad real de daño y posibilidad de coerción», sostiene el profesor, citando a autores como Max Weber, Hannah Arendt y Michel Foucault. Bajo esa definición, resulta difícil —cuando no absurdo— equiparar a un ciudadano anónimo que se expresa en redes con un funcionario que cuenta con el respaldo del Estado, sus instituciones y su aparato de coerción.

Kafka señala que cuando un funcionario acusa a la sociedad de ejercer «violencia digital», se produce una inversión peligrosa: el Estado deja de ser responsable y el gobernado pasa a ser culpable. «No es un error conceptual, es una operación discursiva«, remarca.

En otro tramo de la carta, el profesor reivindica el anonimato como una tradición política e intelectual ligada a la supervivencia frente al castigo. Desde Voltaire hasta Orwell, desde Rosa Luxemburgo hasta los samizdat soviéticos, gran parte de la historia de las ideas —recuerda— se sostuvo gracias a palabras sin nombre propio, no por falta de coraje, sino por exceso de persecución.

«Criminalizar el anonimato bajo la etiqueta de ‘violencia digital’ no busca proteger a nadie; busca que la gente se calle sola«, advierte, citando al filósofo Byung-Chul Han y su teoría del poder contemporáneo basado en la moralización, la culpa y la autocensura.

Para Kafka, el verdadero problema no es el tono de la crítica, sino su existencia. Y lo que resulta más llamativo —plantea— es que se hable de violencia digital mientras se guarda silencio frente a la violencia institucional, la selectividad judicial, la persecución simbólica y el uso del Estado como herramienta de disciplinamiento político.

«La crítica incómoda, áspera y hasta anónima no es violencia: es síntoma de vitalidad cívica», concluye el profesor. Y deja una advertencia que resuena más allá de Naineck: cuando el poder empieza a sentirse víctima de la sociedad, el problema no está en las redes, sino en un modelo político que ya no tolera ser interpelado.

En tiempos donde se pretende judicializar la palabra, Kafka lo sintetiza con una frase que ya circula como consigna: «Criticar al poder no es un delito, es un derecho. /PrensaLibre