En un video que se viralizó en redes sociales, un pequeño productor de tomates de la colonia San Juan expuso con crudeza la crítica situación que atraviesan quienes trabajan la tierra con esfuerzo y compromiso, pero sin respaldo real del Estado.
Poseedor de 5 mil plantas en plena producción, con una proyección cercana a los 800 cajones de 20 kilos, el productor relató a Naineck Prensa Digital cómo, a pesar de los gestos iniciales de acompañamiento del gobierno —como la entrega de semillas y la preparación del suelo—, se encuentra completamente solo a la hora de vender su cosecha. “Nos sueltan la mano cuando más lo necesitamos”, lamentó, dirigiéndose al ministro de la Producción de Formosa.
Su desesperación es compartida por muchos pequeños productores de la zona, que año tras año enfrentan el mismo panorama: producen con sacrificio, pero no encuentran canales de comercialización. El hombre cuenta que ha “rogado” al programa Nutrir para que compre su producción, pero no obtuvo respuesta, ni este año ni el anterior. A pesar de contar con infraestructura contra las contingencias climáticas como las heladas, y equipos de riego que le permiten mantener la producción en condiciones, ha logrado vender apenas 30 cajas a $ 5.000 cada una. El resto de los tomates, literalmente, se están pudriendo en el campo. “Dicen que nos ayudan, pero ¿dónde están cuando más lo necesitamos?”, cuestiona con impotencia.
Este caso pone en evidencia una problemática estructural: el modelo de asistencia actual parece limitado a una etapa inicial del proceso productivo, pero desatiende aspectos fundamentales como el acceso al mercado y la capacitación técnica para afrontar los desafíos comerciales. No basta con entregar semillas y preparar la tierra si no se garantiza la sostenibilidad económica de la actividad. Los pequeños productores no solo necesitan herramientas de producción, sino también formación en precios, logística, asociativismo y acceso a canales de venta que les permitan competir dignamente.
Mientras desde el discurso oficial se promueve una imagen de apoyo al productor local, la realidad muestra una distancia dolorosa. La falta de políticas integrales para el desarrollo rural empuja a muchos a abandonar la actividad o a depender de intermediarios que se aprovechan de su vulnerabilidad. El testimonio de este productor interpela a la dirigencia política, a las instituciones agrarias y a la sociedad toda: ¿cuánto más se puede exigir a quien ya lo da todo y solo pide que no lo dejen solo?



