La baja natalidad se profundiza y obliga a repensar el crecimiento económico del país.
La natalidad en Argentina cayó 40% entre 2014 y 2024 y consolidó una tendencia que también se replica en América Latina y el mundo. El fenómeno ya genera efectos concretos en el sistema educativo, el mercado laboral y el financiamiento del sistema previsional.
Durante gran parte del siglo XX, los gobiernos centraron su preocupación en el crecimiento acelerado de la población. Hoy el escenario cambió. Naciones Unidas proyecta que para 2100 la tasa global de fecundidad promediará 1,8 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional.
En América Latina, la caída resulta sostenida. Uruguay registró un descenso del 34% en la última década; Argentina, 32%; Costa Rica, 27%; y México, 24%.
En el plano local, el proceso combina múltiples factores. La urbanización modificó la lógica familiar: en las ciudades, el costo de vivienda, servicios y crianza elevó el gasto por hijo y redujo el tamaño de las familias. Al mismo tiempo, la expansión de los sistemas jubilatorios quitó a los hijos el rol histórico de sostén económico en la vejez.
La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral también redefinió proyectos de vida. La maternidad se posterga y el número promedio de hijos por familia disminuye de forma sostenida.
Impacto directo en el sistema previsional
La baja natalidad plantea un desafío para el sistema previsional argentino. El esquema se financia con los aportes de trabajadores activos. Cuando disminuye la base de aportantes y aumenta la esperanza de vida, crece la presión sobre las cuentas públicas.
El envejecimiento poblacional incrementa el número de jubilados durante más tiempo, mientras la población en edad de trabajar se reduce. Esta dinámica tensiona el equilibrio fiscal y obliga a repensar reformas estructurales.
Varios países implementaron incentivos económicos para estimular nacimientos. China, tras décadas de política de hijo único, enfrenta hoy fuertes dificultades para revertir el envejecimiento acelerado de su población.
En Argentina, la caída también se vincula con políticas públicas que redujeron embarazos no deseados, especialmente en adolescentes. Desde 2016, programas de acceso a métodos anticonceptivos de larga duración lograron una baja significativa en ese segmento, lo que extendió la reducción de nacimientos a todos los sectores sociales.
Educación: 1,2 millones de alumnos menos hacia 2030
El informe «Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado», elaborado por Argentinos por la Educación en base a proyecciones oficiales, anticipa que el nivel primario perderá 1,2 millones de estudiantes hacia 2030.
Ninguna provincia quedará al margen de la tendencia. Buenos Aires registrará la mayor caída absoluta, con más de 510.000 alumnos menos. La Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe también mostrarán fuertes descensos.
Si el sistema mantiene la estructura actual, en 2030 habrá 50.034 secciones y 71.250 cargos docentes menos a nivel nacional. El ahorro estimado rondará el equivalente al 15% del presupuesto ejecutado en Educación y Cultura en 2025.
Sin embargo, especialistas advierten que la reducción no implica automáticamente una mejora educativa. Cecilia Veleda, investigadora principal de Educación de CIPPEC, sostiene que la baja natalidad exige la planificación para reorganizar secciones, docentes e infraestructura. Lucía Feced, directora de Educación del Grupo de Fundaciones y Empresas, afirma que el desafío radica en rediseñar el sistema sin profundizar desigualdades territoriales. /BaeNegocios



