La Navidad del feudo: alimentos con propaganda y silencio gremial ante la miseria salarial

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Una vez más, el Gobierno de la provincia de Formosa vuelve a poner en escena una de las prácticas más cuestionadas de su largo ciclo de poder: la distribución de bolsas navideñas con sidra y pan dulce rotuladas con la foto, el nombre y el logo partidario de Gildo Insfrán, como si se tratara de un gesto personal financiado de su propio bolsillo y no de recursos públicos pagados por todos los formoseños.

El dato no es menor ni aislado. Ocurre en la provincia más pobre del país, con los salarios estatales más bajos de la Argentina, donde este fin de año —con el aval silencioso de gremialistas aplaudidores— no hubo ni aumento salarial ni bono de fin de año para los trabajadores.

Sin embargo, el Gobierno provincial sí encontró fondos para montar un gigantesco operativo político-partidario: la distribución selectiva de unas 200 mil bolsas navideñas casa por casa, utilizando dinero público, la estructura del Estado y el aparato militante del partido que el propio gobernador preside.

La práctica no es nueva y por eso mismo resulta aún más grave. Lo que se cuestiona no es la entrega de alimentos en un contexto social crítico, sino el uso personal y partidario de esos recursos.

La bolsa no llega como una política pública institucional, sino como una dádiva personalizada, con tarjeta de salutación firmada por el gobernador, en una lógica demagógica que confunde deliberadamente Estado, gobierno, partido y persona.

Este tipo de maniobras clientelares ya ha generado innumerables críticas, denuncias mediáticas y escándalos que incluso trascendieron a nivel nacional.

Desde la utilización electoral de la asistencia social hasta episodios grotescos como la venta de cajas de sidra y pan dulce —destinadas supuestamente a familias vulnerables— en Paraguay o en comercios locales a precios irrisorios, lo que motivó reclamos de fabricantes y dejó en evidencia un circuito de corrupción y negocios paralelos montado alrededor de la ayuda estatal.

La gravedad del cuadro se profundiza en una provincia atravesada por un obsceno y persistente adoctrinamiento escolar, donde desde edades tempranas se promueve el culto a la personalidad, el discurso único y el agradecimiento obligatorio al gobernador por acciones que no son favores, sino obligaciones inherentes al mandato conferido por los ciudadanos, muchas veces distorsionado por prácticas electorales cuestionadas como la Ley de Lemas, el voto cadena o el sometimiento de comunidades originarias.

Formosa se ha consolidado como un esquema feudal y autoritario, sostenido por un entramado de dominación social basado en el clientelismo, las dádivas, las prebendas y los planes sociales. No es casual que convivan una casta de funcionarios millonarios con más del 60% de la población en situación de pobreza; que sea una de las provincias con menos industrias, con un 41% de habitantes sin acceso a agua potable ni cloacas, con los peores índices de empleo formal y con servicios públicos deficitarios.

En ese contexto, la distribución de bolsas navideñas no es un gesto solidario: es una herramienta de control político. Así lo demuestran los reiterados escraches de vecinos discriminados por no pertenecer al partido gobernante, por no «aplaudir» lo suficiente o, incluso, por responder a otra línea interna del propio PJ. La ayuda, lejos de ser universal, se convierte en premio o castigo según la lealtad política.

Paradójicamente, aun quienes critican estas prácticas sostienen que la asistencia debe llegar. Precisamente por eso, y a la luz de experiencias pasadas, lo mínimo exigible es transparencia, institucionalidad y absoluto desinterés partidario. Que no haya fotos, logos ni tarjetas personalizadas; que no haya punteros ni militantes; que no haya discriminación ni utilización electoral.

Sin embargo, los propios anuncios oficiales confirman lo contrario. El martes 16 se realizó una reunión de coordinación en la EPEP N° 136 de la Jurisdicción Cinco, con participación de dirigentes del PJ, docentes, policías y militantes justicialistas, para organizar la distribución. El subsecretario de Defensa al Consumidor, Edgar Pérez, admitió sin rubor que más de 200 mil hogares recibirán la bolsa «con la tarjeta de salutación del gobernador Gildo Insfrán», y presentó la maniobra como un «gesto de amor y unidad».

Nada más lejos de la realidad. Amor no es usar la pobreza como herramienta política. Unidad no es confundir al Estado con un partido ni al gobernador con un benefactor. Mientras no haya salarios dignos, trabajo genuino, servicios básicos y derechos garantizados, cada bolsa con foto será un recordatorio incómodo de que en Formosa la pobreza no es una falla del sistema: es su principal negocio político./PrensaLibre