La receta de Gildo Insfrán para perpetuarse en el poder: reglas amañadas, Estado omnipresente y financiamiento infinito

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Hay ley de lemas, normas que inducen al error, mayoría de boletas del oficialismo, reparto de comida y colchones, y un mecanismo de traslado de votantes de las comunidades Qom a las urnas.

Cuando le preguntaron al gobernador Gildo Insfrán cuál era la receta de su éxito electoral, que lo mantiene en el poder desde hace 28 años, contestó: “Ustedes están acá, pregúntenle al pueblo. Me debo al pueblo y me voy cuando ellos quieran”.

Lo que no contó es que el secreto de su arrasador triunfo está basado en una ley que prevé la reelección, sin limitaciones, en reglas electorales que le permiten inclinar la cancha para que en el cuarto oscuro el 70 % de las boletas sean suyas, un Estado omnipresente que cubre el 70 % de los empleos formales de la provincia, y una billetera infinita para la realización de megaobras públicas que son una oda al personalismo con gigantografías que llevan el rostro de Gildo.

Insfrán llama a este mecanismo “el modelo formoseño”, que plantea además los mecanismos habituales que se ponen en marcha en épocas electorales para asegurarse el voto al gobernador.

La ley de lemas es el principal mecanismo. Originaria de 1985, permite que cada alianza electoral, denominada lema, tenga un sublema por cada partido que la integra, y luego se suma un sublema más cada 5000 afiliados. Es decir que hubo 64 boleta azules en el cuarto oscuro que llevaban el rostro de Insfrán, como candidato a gobernador. Todas sumaron para él. Para tener una idea de la diferencia, hubo 17 boletas con el rostro de Fernando Carbajal, que es el candidato de juntos por el Cambio, y 3 de Francisco Paoltroni, el desafiante.

Esto es cancha inclinada, pues el 72 por ciento de las 88 boletas eran de Insfrán. Difícil equivocarse. El cuarto oscuro era una marea de boletas azules. Casi cualquiera que agarrara el votante, era un voto para Insfrán. La constitución provincial reformada por Insfrán “permite la reelección”. Solo eso dice el texto. Ni indefinida, ni perpetua, ni nada. Solo que permite la reelección y eso basta para que Insfrán se perpetúe en el poder “hasta que el pueblo diga”, como dijo esta mañana.

Sin embargo el gobernador, de 72 años, prevé una salida en el caso de problemas. Se anotó como senador suplente en la lista que competirá en las PASO de agosto y en las generales de octubre. Esto le permite que, en caso de que quiera irse de la gobernación, puede seguir cuatro años mas en el Senado, si es que el senador José Mayans da un paso al costado.

Juntos por el Cambio apostó a que la Corte rompa este mecanismo de reelección perpetua pidiendo que declare inconstitucional la Constitución provincial en este artículo. Pero la Corte no se pronunció. Los radicales quedaron en llamas y dicen que la Corte no comprende lo que ellos llaman “una tiranía” y que la justicia debe incidir en romper “la cancha inclinada”. La Corte tiene la idea de que son asuntos que primero debe resolver la justicia local y luego llegar a la Corte.

Los jueces creen que el tema es diferente a los de San Juan y Tucumán, donde deberían interpretar si la reelección por dos períodos se aplicaba o no a Juan Manzur y a Sergio Uñac. Acá el problema era directamente declarar inconstitucional una artículo de la constitucional local, con un avance sobre las autonomías locales. No obstante el recurso está ahí y el camino abierto, así que si en el futuro llega un caso a la Corte cuestionando la posibilidad de la reelección indefinida, y los jueces le dan la razón, Insfrán podría encontrar refugio en el Senado con su banca de suplente.

La otra ventaja de anotarse como senador suplente es que aparecerá bien grande su apellido en la boleta electoral nacional, junto a la cara de Sergio Massa y de Agustín Rossi, un atractivo para el formoseño o un modo más de confundir al votante que lo elije desde hace 28 años.

El mecanismo de la ley de lemas se completa con un sistema de conteo de votos en las mesas que inducía al error y que hizo lento y complicado el cierre del escrutinio. El acta que debía rellenar cada presidente de mesa, con la firma de los fiscales, donde debía estar anotada la cantidad de votos que había en cada urna, tenía cuatro páginas. Contaba con 88 filas, una debajo de la otra, a las que se sumaban las de votos nulos, en blanco, impugnados y recurridos. Era muy fácil cometer un error en los números y en la suma de cada columna: una para gobernador, otra para diputados provinciales, otra para intendente y otra para concejales.

El otro mecanismo para incidir en la elección fue la de intervenir durante la veda electoral y el propio día de la votación. El viernes y el sábado continuó activa la “ayuda social” del Gobierno interviniendo en barrios populares repartiendo alimentos y colchones. LA NACION fue testigo del reparto de esos bolsones de comida en un depósito partidario del sublema 17 de octubre, que llevaba a Insfrán como gobernador. No hacia falta dar muchas vueltas por la zona de los lotes 110 y 111, barrios muy pobres, para ver esta práctica. O simplemente advertir las camionetas Hilux con la caja descubierta y bolsones de comida.

Un jefe político asociado al peronismo local y fanático de la pesca, explicó cómo funcionó el último día antes de la elección: “Te peleas con todos los punteros, Todos quieren algo, plata, nafta, bolsones de comida. Es como cuando tirás un pedazo de carne al río y lo atacan las pirañas”.

El día de la elección, en cambio se puso en marcha un aceitado mecanismo de despliegue territorial, que incluyó centenares de punteros en toda la provincia para asegurarse que los votantes llegaran a las urnas y votaran a Gildo.

A unos 120 kilómetros de la capital formoseña se levanta la colonia aborigen La Primavera. Es una comunidad Qom, donde hubo frecuentes problemas entre los locales y la policía. Hoy está gestionada de manera conjunta por la Gendarmería Nacional y la policía local. Hay un puesto de Gendarmería en el ingreso desde la ruta 86. La comunidad La Primavera se hizo famosa por el cacique Félix Díaz, que protagonizó cortes de ruta y protestas contra Insfrán y un acampe en la Plaza de Mayo contra el gobierno kirchnerista.

La comunidad está dispersa en el monte, con casas precarias, de piso de tierra y paredes de adobe, entre la ruta 86 y la ruta 2. LA NACION la recorrió y vio de qué manera combis, camionetas Hilux y autos particulares, identificados con un cartel pegado en el parabrisas, con el número 402, se dedicaban a recoger casa por casa a los aborígenes y los llevaban hasta la escuela Nicolás Avellaneda, en el borde de la comunidad, a 300 metros de la ruta para votar.

Un chofer de esas combis dijo a LA NACION que un puntero del Partido Justicialista del lema de Gildo Insfrán los organizó y contrató 30 vehículos afectados a La Primavera. Explicó que su trabajo de todo el día era ir a buscar a los aborígenes a sus casas, llevarlos a votar, esperar y llevarlos de regreso. Dijo que ellos no les daban las boletas electorales, sino que cada uno ya llegaba con su boleta.

Mientras el chofer hablaba con LA NACION, en la combi, que estaba estacionada en la calle de tierra y piedra, en la puerta de la escuela Avellaneda estaban sentados unos 15 aborígenes, algunas madres con bebés en brazos, al calor, encerrados en la camioneta, esperando que los bajaran para ir a votar. En la ruta de ida y vuelta desde La Primavera hasta Formosa, los autos con el numero 402, que identificaba ese circuito de votación iban y venían cargados de gente.

La Primavera está a menos de 10 kilómetros de Laguna Blanca, donde hoy votó Insfrán, en su escuela, donde estudió. Y allí dijo que iba a seguir al frente de Formosa “hasta que el pueblo quiera” porque señaló: “Me debo a mi pueblo”.

Hernán Cappiello – LA NACION