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lunes 27, julio 2026.
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Otro golpazo para un River que no levanta: dura derrota ante barracas central en el monumental

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En una jornada marcada por el debut de Otamendi y Correa, el Guapo ganó por un gol del Toro Morales, ex Boca, y empañó la fiesta del Millonario.

Nicolás Otamendi, seis días después de haber jugado la final del Mundial, comprobó en cancha lo que veía desde Europa por TV: que el Monumental lleno es la experiencia que siempre soñó y que este River es efectivamente autodestructivo, flojo y capaz de arruinar lo que parecía una noche con todo servido. Él es el menos culpable de esta nueva piña a un equipo que tiene menos respuestas que compañía de electricidad en época de cortes de luz: este 0-1 con Barracas Central es la fiel muestra del enjambre de nervios y escasísimo juego en el que decidió meterse.

Difícil explicar de otra manera el papelón que se vivió en el Monumental por la primera fecha del Clausura, que encima viene de arrastre de la escandalosa eliminación del viernes pasado contra Aldosivi por los 16vos de la Copa Argentina. Difícil, en realidad, parece ser augurarle un segundo semestre no tortuoso a un River que sigue teniendo mandíbula de cristal y repite errores del pasado.

Porque el partido fue el mismo con el que hace rato tropieza: Barracas, con un plantel con varias caras nuevas y un Damián Ayude debutando, le plantó inteligentemente una barrera de cinco defensores y tres volantes bien pegados. Le puso garra, defendió con el corazón, fue extremadamente ordenado y le alcanzó con cruzar la mitad de la cancha una vez para ganar. Nada más. No se crea que en Núñez estuvo la España de De la Fuente: River tuvo la pelota el 76% del tiempo y no se le cayó media idea para llevarle peligro a un Miño que solo agarraba la pelota para hacer los saques de arco.

Crónica de una muerte anunciada. 30 millones de dólares después (el doble de lo que cuesta el plantel del Guapo), River sigue siendo River. Encima, sin Juanfer Quintero. La responsabilidad de desnivelar la tuvo el chico Lautaro Pereyra, quien en su primer encuentro como titular fue puesto como manotazo de ahogado por lo bien que había entrado vs. Aldosivi. Mucho, pobre, no pudo hacer: pese a que intentó, estuvo en la misma sintonía de un equipo al que le costó horrores cambiar el ritmo.

Sí, en un partido que requería velocidad y toques rápidos, hubo lentitud, extrema previsibilidad e incapacidad para generar alguna superioridad numérica por banda. Otamendi gritaba y ordenaba porque hasta le salía el hincha de adentro: jugó los minutos finales como un #9 por el amor propio que mostró, algo que debería ser complementario a un rendimiento colectivo que acompañe. River debe saber que ese solo no puede ser el plan.

Para colmo, desde el banco no llegaron soluciones: en el fútbol de los volantes, Broggi (o Coudet por handy o celular desde algún lugar) optó por jugar todo el segundo tiempo con cuatro delanteros. Intentar solucionar la falta de creatividad con potencia ofensiva no fue el remedio y lo que venía mal, así siguió. De hecho, ni siquiera 24’ de Angelito Correa fueron suficientes: con la #10 en la espalda, intentó ser incisivo de la izquierda al medio, pero no pudo torcer lo que ya parecía inquebrantable. Ídem Lucas Beltrán, con un cabezazo que rozó el palo y encimado con un Borré de más desgaste que área.

Así, imposible. De papelón en papelón, River deberá cambiar urgentemente la cara para que este semestre no sea la continuidad de todo el 2025 y este insípido 2026. Por las dudas, ya está sexto en la anual (no vaya a ser cosa…) y en tres semanas juega octavos de Sudamericana…

Con Otamendi solo no le alcanzará. El acto de amor del nuevo capitán es grande: comprobó en cancha que lo malo que veía por la tele era real…/Olé