“Desde la Federación Agraria Argentina filial Laguna Naineck expresamos nuestra profunda preocupación y malestar ante las declaraciones del Secretario de Industria y Comercio de la Nación, Pablo Lavigne, quien sostuvo en un medio nacional que “casi no producimos bananas porque no conviene”, equiparando esta economía regional con la producción de neumáticos. Consideramos desafortunada y simplista esta afirmación, ya que desconoce la trayectoria productiva y el impacto social que tuvo y puede seguir teniendo la banana en nuestro país”, expresó Pánfilo Ayala, presidente de dicha organización, en recientes declaraciones.
Según expuso, la producción bananera en la Argentina comenzó a desarrollarse con fuerza a mediados de la década del ’60 en la provincia de Formosa, donde llegó a ocupar unas 12.000 hectáreas durante las décadas del ’70 y ’80, abasteciendo gran parte del consumo interno. Con el tiempo, la actividad también se expandió hacia el NOA, especialmente en Salta y Jujuy. Lejos de ser inviable, este cultivo demostró su adaptación y potencial en la región subtropical argentina, consolidándose como una economía regional estratégica.
Durante su etapa de mayor desarrollo, alrededor de 5.000 familias de pequeños y medianos productores encontraron en la banana una fuente genuina de trabajo, progreso y arraigo. Esta actividad no solo generó ingresos, sino que fortaleció el entramado social y económico de numerosas comunidades rurales. Por ello, resulta preocupante que se desconozca el valor productivo y social de una economía que permitió el crecimiento de miles de familias en el norte argentino.
Finalmente consideró que, “el retroceso de la producción no respondió a una supuesta inviabilidad natural, sino a decisiones políticas, como la apertura indiscriminada de importaciones durante el gobierno de Carlos Menem, proceso que continuó sin medidas de protección adecuadas para la producción nacional. Competir en condiciones desiguales frente a la banana extranjera, sin políticas públicas diferenciadas, ha sido determinante en la caída del sector. Reafirmamos que producir banana en la Argentina es posible; lo que se necesita es voluntad política, reglas claras y un Estado que comprenda que las economías regionales requieren herramientas específicas para garantizar su sustentabilidad, el arraigo y la vida de nuestros pueblos rurales”, concluyó.



