Este diario se hizo eco ayer de las declaraciones formuladas por el ministro de Salud Pública de la Provincia, Ricardo Cardozo, sobre el -presunto- descenso de la tasa de mortalidad infantil en Corrientes (sección Información General, página 9). La temeraria afirmación forma parte del balance de gestión que hizo Cardozo al cumplir su primer año al frente de la cartera, que hasta diciembre de 2015 estuvo gobernada por Julián Dindart, actual diputado nacional y especialista en barrabasadas políticas que constituyen una injuria al sentido común. Según parece, ese sillón en Salud Pública además de la consabida cuota de poder incluye un alto riesgo de contagio de la estupidez, sino, de qué otra manera se explican determinadas conductas de mentecatos que exhiben los funcionarios que pasan por allí.
El doctor Cardozo con su reciente anuncio sobre la disminución de la mortalidad infantil en la provincia evidencia excelentes condiciones para igualar, en la desfachatez, a su antecesor. Por ejemplo, alcanza con mencionar que en junio de este año, Dindart se vió obligado a renunciar a la presidencia de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara baja del Congreso de la Nación luego de afirmar, en una reunión de labor parlamentaria, que muchas adolescentes se embarazan para percibir la Asignación Universal por Hijo (AUH). La definición del diputado radical de Corrientes generó un escándalo de proporciones, que a duras penas el radicalismo logró silenciar. No obstante, el hombre fue coherente con su pensamiento, dos años antes, siendo ministro de Salud Pública ya había dicho lo mismo.
Ahora su continuador en la cartera se despachó con una afirmación apresurada, de vidriosa consistencia estadística y que exuda una intencionalidad política, impropia de la cuestión que está en tratamiento. Cardozo dijo que se produjo un “descenso importante” en la tasa de mortalidad infantil y la ubicó en el orden del 11,4 por mil nacimientos.
Si en verdad es así, sería un paso adelante en la lucha contra el flagelo de la mortalidad infantil, asignatura pendiente para la provincia de Corrientes que viene con los peores indicadores nacionales desde hace mucho años. No obstante, no hay datos concretos y fehacientes que sostengan el anuncio de Cardozo, salvo las pruebas que el propio ministro tenga en su poder y que deben ser certificadas por la autoridad nacional competente para que tengan valor estadístico.
Lo que ha hecho el ministro de Salud Pública de Corrientes es atrevido, irresponsable, incluso podría ser calificado como indecoroso. Aunque tenga la certeza de una buena noticia en mortalidad infantil -el 11,4 no lo es-, resulta indispensable darle un viso de seriedad a la registración estadística, que tiene un proceso bien determinado.
Los datos estadísticos se recogen durante todo el año y una vez finalizado se procesan para darlo a conocer casi al final del siguiente año. Por eso, en este momento, la última estadística disponible en materia de Salud Pública, a nivel nacional, corresponde al año 2014. Quizás muy pronto se pueda contar con la de 2015.
Mientras tanto lo único válido es la estadística de Salud de la Nación correspondiente al año 2014, que muestra claramente que en los últimos tres períodos Corrientes tuvo la tasa de mortalidad infantil más alta del país. Es cierto que bajó, pero todavía tiene indicadores muy preocupantes. El histórico de la provincia es el siguiente: en el año 2000 la tasa fue 30,4; en el año 2005 la tasa alcanzó 18,2; en el año 2010 la tasa llegó a 16,8. Y en los últimos tres años, anotó: 14,4 (año 2012); 14,9 (año 2013) y 15,9 (año 2014). La media nacional, en 2014, era de 10,6 por mil nacimientos.


