LA APARICIÓN DE LA VIRGEN DE FÁTIMA: El relato de los 3 pastorcitos, secretos revelados y el Milagro del Sol

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Cómo fue el cara a cara de los chicos con la aparición el 13 de mayo de 1917. Los diálogos que tuvieron con “la mujer suspendida en el aire”. Y cómo siguieron sus vidas tras los primeros encuentros.

Dentro del culto católico, se destaca una veneración especial hacia la madre de Jesús, la Virgen María, conocida como “Hiperdulía”. El prefijo “Hiper”, derivado del griego ύπέρ, sugiere un sentido de trascendencia o supremacía. Este término podría traducirse como una máxima disposición a la sumisión, ya que María, al ser visitada por el arcángel Gabriel para anunciarle su embarazo, respondió con un completo sometimiento a la voluntad divina: “Hágase en mí según Su palabra”. Así, el concepto de hiperdulía en el cristianismo refleja una entrega pacífica y total a la voluntad de Dios, equiparable a la concepción islámica de sometimiento sin reservas a la voluntad de Alá.

El 13 de mayo se conmemora la aparición de la Virgen María en Cova da Iría, cerca de la ciudad de Fátima, en Portugal. Estas apariciones son consideradas por la Iglesia Católica como revelaciones privadas. Según el catecismo de la Iglesia Católica, en su primera parte, artículo 67, se establece que a lo largo de la historia ha habido revelaciones llamadas privadas, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, estas revelaciones no forman parte del depósito de la fe. Su propósito no es añadir o complementar la Revelación definitiva de Cristo, sino ayudar a vivirla más plenamente en ciertas épocas históricas.

La aparición de la Virgen de Fátima es un evento anualmente recordado y celebrado, donde los fieles se congregan para rendir homenaje a esta manifestación. Su importancia radica en su capacidad para fortalecer y enriquecer la experiencia espiritual de los creyentes.

Los pastorcitos frente a la Virgen María

Según el testimonio de los protagonistas, en 1916, Lucía dos Santos, de diez años, y sus primos, Jacinta y Francisco Marta, de seis y nueve años respectivamente, tuvieron tres encuentros con una presencia angelical mientras custodiaban sus ovejas durante la primavera y el verano de ese año. Estas experiencias ocurrieron dos veces en Loca do Cabeço, en Valinhos, y una vez en el Pozo del Arneiro, en la casa de Lucía, en Aljustrel. Este ser se identificó como el “Ángel de Portugal”.

El domingo 13 de mayo de 1917, los tres niños se dirigieron a pastorear sus ovejas como de costumbre, en un lugar conocido como Cova da Iria, cerca de su pueblo de Fátima, en Portugal. Alrededor del mediodía, escucharon un fuerte trueno que los llenó de temor, a pesar de que el día estaba soleado y despejado. Sintieron que una tormenta se estaba formando detrás de las colinas y comenzaron a reunir a las ovejas. De repente, otro estruendo los estremeció, y vieron a una mujer suspendida. Les recomendó que volvieran al mismo lugar durante cinco meses. Francisco podía ver a la mujer, pero no podía escuchar lo que decía. Este relato detallado ofrece una visión fascinante de los eventos que dieron origen a las apariciones de Fátima y su impacto en los niños que las presenciaron.

El encuentro de 1917 marcó el inicio de una serie de apariciones que conmocionaron a la comunidad local y atrajeron la atención de creyentes de todo el mundo. A lo largo de varios meses, la Virgen María se les apareció a los niños en el mismo lugar, transmitiéndoles mensajes de paz, arrepentimiento y oración. Estas apariciones no sólo transformaron las vidas de Lucía, Jacinta y Francisco, sino que también dieron lugar a una devoción ferviente hacia la Virgen de Fátima, que continúa siendo una parte importante de la fe católica hasta el día de hoy.

En uno de los diálogos que se conocieron, la Virgen María les avisó que se llevaría a dos de los pastorcitos. En diciembre de 1918, Francisco y Jacinta Marta cayeron enfermos. A pesar de los esfuerzos médicos, Francisco no logró recuperarse y falleció el 4 de abril de 1919. Jacinta, aunque mostró mejoría, sufrió una recaída y fue hospitalizada en el verano de 1919 debido a una pleuritis purulenta. Trasladada a Lisboa, falleció el 20 de febrero de 1920.

En contraste, Lucía dos Santos vivió hasta los 97 años, dedicando su vida por completo a la religión. Adoptó el nombre de Hermana María Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón y se unió a la orden de las hermanas doroteas en Vilar, cerca de Oporto. Más tarde, profesó como religiosa dorotea en Tuy, Pontevedra, donde también afirmó haber recibido la visita de la Virgen en 1925. En 1946 regresó a Portugal y, dos años después, ingresó en el Carmelo de Santa Teresa en Coímbra, donde pasó el resto de su vida. Allí escribió dos volúmenes con sus memorias y los llamamientos del Mensaje de Fátima, hasta su fallecimiento en ese lugar.

El Milagro del Sol

El día tan esperado llegó el 13 de octubre de 1917, en lo que sería la última aparición de la señora en Fátima, con una multitud de alrededor de 50 mil personas congregadas. Durante ese día, se produjo el siguiente diálogo:

– ¿Qué es lo que deseas?

– Deseo que se construya aquí una capilla en mi honor, pues soy la Señora del Rosario. Quiero que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra pronto llegará a su fin y los soldados regresarán a sus hogares.

– Tenía muchos pedidos que hacer: sanar a los enfermos, convertir a los pecadores, entre otros.

– Algunos sí, otros no. Es necesario que se arrepientan y pidan perdón por sus pecados.

Y con un tono más solemne:

– ¡No ofendan más a Nuestro Señor, quien ya está muy lastimado!

Al extender sus manos, hizo que reflejaran en el Sol. Mientras ascendía, su luz se proyectaba en el Sol.

Este momento fue conocido como el “Milagro del Sol”, presenciado por unas 50.000 personas, quienes observaron al sol moverse en el cielo, emitir colores radiantes y deslumbrantes durante aproximadamente diez minutos. Incluso reporteros seculares, funcionarios gubernamentales y escépticos pudieron atestiguar el fenómeno. Ese día, a pesar de la fuerte lluvia que había caído sobre la Cova da Iría, el suelo quedó completamente seco después del evento. Incluso el papa Pío XII afirmó haber sido testigo del milagro del sol desde los jardines vaticanos.

Los tres secretos de Fátima

Uno de los aspectos más intrigantes y fascinantes de estas apariciones son los llamados “secretos” revelados por la Virgen a los tres niños.

El primer secreto revelado por la Virgen de Fátima a los niños fue una visión del infierno, que impactó profundamente a los pastorcitos y que, según ellos, era una experiencia real y aterradora. Esta revelación subrayó la importancia del arrepentimiento y la conversión, así como la urgencia de la oración y la penitencia para evitar un destino tan sombrío. La visión del infierno sirvió como un llamado a la humanidad para apartarse del pecado y buscar la misericordia divina.

El siguiente secreto, revelado en julio de 1917, fue una visión de un mundo devastado por la guerra y la persecución de la Iglesia. Esta visión premonitoria planteó preocupaciones sobre el futuro y la necesidad de la paz mundial y la reconciliación entre las naciones. Algunos creyentes interpretaron este secreto como una advertencia sobre los peligros del totalitarismo y la persecución religiosa que caracterizarían el siglo XX.

El tercer secreto, revelado por Lucía dos Santos décadas después, ha sido objeto de especulación y debate. Se mantuvo a resguardo por orden de la Iglesia, se interpretó como una visión apocalíptica del sufrimiento y la tribulación que enfrentaría la humanidad en el futuro. Aunque su contenido exacto fue objeto de interpretaciones diversas, muchos creyentes lo ven como un llamado a la oración, la penitencia y la conversión para evitar los males futuros y buscar la paz y la reconciliación en el mundo.

el 28 de abril de 1919 se inició la construcción de la capilla de las apariciones y el 13 de octubre de 1921, se permitió por primera vez celebrar la Santa Misa en el templo. El 13 de octubre de 1930, el obispo de Leiría declaró dignas de fe las apariciones y autorizó el culto de Nuestra Señora de Fátima. El 13 de mayo del 2000 el papa Juan Pablo II beatificó a Francisco y Jacinta y fueron canonizados el 13 de mayo del 2017 por el papa Francisco. (infobae.com)